Metol Chino

Metol Chino

?Cuando vayas a China quiero que me traigas Mentol Chino, que esa es la mata.?La petición de mi madre, en vísperas de mi viaje al país de Dragón era justa y lógica, sólo que materializar un deseo tan simple podía ser algo muy complicado?

China | 07 de abril de 2009
Lalo de la Vega

Una vez sobre el terreno, caminando por las anchas avenidas de Beijing, surgió la primera interrogante. ¿Cuál será aquí el nombre del Mentol Chino? En Francia los perfumes no se llaman ?franceses? aunque todos sean de marcas parisienses, y en Suiza no se le dice ?suizos? a los relojes o al chocolate. La denominación de origen surge cuando un producto es exportado y entonces se hace referencia al país o región desde donde ha llegado. Así surge el café colombiano, whisky escocés, el ron cubano, las películas norteamericanas, los diamantes sudafricanos y las computadoras japonesas. Pero el mentol, ¿cómo le dirían al mentol los propios asiáticos si es un producto nacional? Quizás hubiera una o varias fábricas de ese bálsamo en la capital porque para abastecer a 1 300 millones de chinos se necesita de una producción considerable. Una vez no despejada la primera incógnita, me asaltó la segunda interrogante. ¿Dónde se podía comprar Mentol Chino en Beijing? En Colonia, mi querida Ciudad de los Locos es muy fácil: basta con ir a una tienda de chinos. Hay una a sólo dos calles de mi casa, fácilmente reconocible por su gran letrero en chino, sus farolitos rojos en la puerta y una empleada de ojos rasgados que contesta a todas las preguntas con una sonrisa. Pero aquí, en medio de una urbe de nueve millones, donde todas las tiendas son de chinos, con letrero y farolitos similares, ese método de identificación evidentemente no era aplicable. En plena capital del País del Dragón uno de encuentra los más impensables comercios desde quiscos endebles hasta fabulosos centros comerciales. La oferta es abrumadora. Se vende desde productos electrodomésticos hasta alimentos exóticos, pasando por una quincalla de textiles, enseres domésticos, adornos, cosméticos, y toda una gama de artículos de dudosa procedencia y aún más dudosa utilidad. No es difícil perderse en los bazares capitalinos, lo que sí es difícil es no salir perseguido por comerciantes obstinados en venderte esas cosas que jamás en tu vida vas a necesitar. Pude comprobar que en esas tiendas se vendía de todo. Bueno, vendían de todo, menos Mentol Chino. No obstante, quiso la buena suerte que en mi cuarto día de tribulaciones pekinesas una visión se cruzara en mi camino en forma de farmacia. Digo, algo parecido a lo que debería ser una farmacia. Al regresar de noche a mi hotel, observo en uno de los modernos rascacielos que un comercio desplegaba un gran letrero lumínico con grandes caracteres chinos en rojo, de los cuales yo no podía leer ni media palabra. Sin embargo, el final del letrero estaba habitado por el conocido símbolo de la copa y la serpiente con el que en muchos países del mundo se representa a la farmacología. Me asombró que un establecimiento chino utilizara el símbolo de la copa con la serpiente, que es procedente de la mitología griega, tan distinta a la tradición oriental. No obstante, esa no era la interrogante que me interesaba despejar en aquel momento, por lo que, dándole las gracias a los dioses del Olimpo, partí raudo y veloz hacia la farmacia. Me encontré un local amplio y estéril. En realidad era un supermercado de medicamentos. Al llegar, a falta de una me atendieron cuatro empleadas, pues a esa hora de la noche yo ya era el único cliente y por lo visto el único ?nariz larga?* que se había atrevido a portarse por allí en todo el día. Entonces tuvimos que pasar un curso intensivo de pantomimas mis interlocutoras y yo, pues yo solamente sabía decir en chino ?buenos días? y ?gracias?, y lo único que ellas hablaban en ingles era ?yes? y ?no?. Primero tuve que explicarles a las farmacéuticas qué cosa era el mentol chino. Con gestos dignos de una sesión de Thai Chi les indiqué que era una pomada que uno se unta en el cuello y/o en la nariz cuando está resfriado, que es aromática, de un olor mentolado y que también sirve para hacer inhalaciones. Ellas me atendieron con mucha concentración y en el mejor de los idiomas mudos me indicaron que tenían el más perfecto desconocimiento sobre que era lo que yo quería. Luego de media hora de muecas, con la tienda a punto cerrar y viendo que mi talento para las artes escénicas no era muy fértil dentro del publico chino, decidí aplicar la Opción Cero. Fui revisando uno por uno todos los estantes de la farmacia que estaban perfectamente clasificados por orden alfabético (según el alfabeto chino, claro está), algo que a mí no me reportaba la más mínima ayuda. Dieciséis estantes y cuatro cajas más tarde, tirado por casualidad dentro de una gaveta, apareció un frasco que se me hizo sospechosamente familiar. ¡Era mentol! Si, el Mentol Chino... o como quiera le llamaran los habitantes del Lejano Oriente. Esta vez no hizo falta recurrir a la pantomima. Mi cara de alegría lo decía todo. La farmacéutica me dijo el nombre del ungüento, pronunciado en perfecto mandarín, pero como la lengua del País del Dragón no es mi fuerte, lo olvidé a los pocos minutos. De todas formas, ella dejó el nombre registrado para la historia, dejando constancia gráfica al pintar en la receta uno de esos jeroglíficos orientales tan familiares para ellos y tan desconocidos para mí. Receta en mano fui hasta la caja para pagar el importe. La cajera me entregó el vuelto, me dio las gracias y cerró la tienda con gran alivio. Para ellas no había sido nada fácil su último cliente. Al llegar a mi hotel retiré el embalaje de la compra con mucho cuidado y revisé el tan perseguido envase. Era exactamente igual al que yo compro normalmente en la tienda de los chinos a dos calles de mi casa. La única diferencia era un pequeño detalle: el Mentol Chino que se consume en Beijing no lleva el famoso Made in China. ¡Es importado desde Singapur! *- > Los Chinos llaman ?nariz larga? a los extranjeros de raza blanca, por que no tienen los ojos rasgados y la nariz pequeña como los asiáticos.
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