Sin escapatoria

No hay escapatoria. Él sabe que estoy por aquí cerca. No tardará en encontrarme; estoy perdido. Tampoco tengo armas para defenderme ni un lugar para escapar cuando me encuentre. Estoy acurrucado en uno de los almacenes de la nave, abrazado a mis piernas, que sangran por las heridas que me hizo el monstruo.

Relatos | 18 de enero de 2011
Erik guadas

- Joder... -susurró hiperventilándome.- Ese bicho me encontrará en breve y me matará ? me muerdo el labio inferior.
Me voy a volver loco entre el interminable goteo de la tubería que pasa por encima de mi cabeza y la imagen del monstruo, siempre en mi mente. Es de un color negro carbón, con los dientes inferiores salidos como si tuviese la mandíbula desencajada. Babea mucho, da mucho asco. Su cuerpo es esbelto y medirá al menos dos metros. Sus ojos son negros, casi no se veían con el color de su piel escamosa. Sus brazos no son gran cosa, pero sus piernas se ven muy musculosas para correr rápido, y con un pincho saliéndole del muslo. Es totalmente horrible.

Paso unos eternos minutos esperando mi muerte asegurada. No puede tardar mucho, mi sangre debería atraerle en breve.

Cuando por fin logro quitármelo de la cabeza, descubro algo de lo que no me había dado cuenta: en esta nave no hay tuberías y mucho menos agua.

La habitación se llenó de sangre.

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