La llegada de Candy y el concierto de la falsa Madonna

La llegada de Candy y el concierto de la falsa Madonna

Candy acababa de llegar a España. Como siempre, lo primero que hizo fue llamar a Eva y a Sor, sus amigas del alma. Se conocieron en una fiesta años atrás, a través de Paul Bazo, el portero de noche del local de Sor y segurata en la Seguridad Social de día. No se sabe muy bien en cuál de los dos trabajos rinde, pero el tipo no se rinde.

Eva-Sión y Sor-Prendida: España y ellas son así | 28 de febrero de 2009
Consuelo García del Cid Guerra

No duerme más de cuatro horas diarias y nadie sabe dónde. Paul Bazo conoció a Candy en un aeropuerto. Le pidió un autógrafo, convencido de que estaba ante Madonna.

Candy es la hija del dueño de todos los casinos de Isla Margarita. No ha trabajado en su vida y tiene alma de gángster pero sin nivel. Su madre es la propietaria de tres joyerías en Venecia, donde ella nació. Los padres se separaron y Candy anduvo viajando de Venezuela a Italia toda su vida. Su acento es indefinible, una mezcla atroz de tacos que deja boquiabierto al personal. Tan pronto suelta ?filio di putana? como ?verga, pana?, y sólo la entienden sus amigos. Cuando su padre no le suelta pasta, le roba algunas joyas a la madre y se larga de viaje por Europa. Y si el dinero se le acaba, estafa.

Candy descubrió su gran parecido con Madonna siendo muy joven. Es tan sumamente igual a ella, que la paran por la calle y le piden autógrafos y fotos. Decidió explotar el tema y se cambiaba el look cada vez que la propia Madonna lo hacía.

Lleva muchos años con ese rollo. No paga en los restaurantes, ni en los hoteles, ni en las tiendas. Paul Bazo fue su guardaespaldas muchos años. Estar con Candy es como estar con una famosa que nunca lo ha sido pero que vive como tal. Supone juerga garantizada porque Candy resucita a un muerto. No le gustan los hombres y todos sus amores son femeninos. Su última novia era igualita a Pocahontas.

Sor-Prendida le había contado sus penas por teléfono.

-Candy, las cosas están muy mal en España. Tengo muchas deudas, acabaré cerrando el local. Y de Eva ni te cuento, está peor que yo.

-Cara Sor?dame un par de días e io lo arreglo tutto. Voy a España. Un baccio.

Y apareció como las grandes, con una gorra de visera, enormes gafas de sol y un bulldog francés enano en los brazos.

-Io lo tengo ¡¡ se acabaron las penas, caras. Vamos a dar un concierto. Aquí, Sor, en tu local. Y en una sola notte nos sacamos cincuenta mil.

-¡Estás loca! -dijo Eva-. ¿Un concierto? Pero si no podemos pagar ni a los camareros, estoy yo todas las noches ayudando a Sor de dónde vamos a sacar un cantante? Candy, tú deliras.

-Eva carisima, no seas negativa. ¿Quién ha dicho nada de contratar cantante? Va a actuar Madonna, es decir, ¡¡io!!. En Play back.

-¡Hija de puta! -exclamó Sor-. La idea es genial, pero como nos pillen, acabamos todas detenidas.

-No nos pillan, cara Sor. Porque questo concerto no se va a anunciar en ninguna parte, vamos a hacerlo sólo para los pijos, ya sabes, tipo ?concerto privé?, contactando con todas las agencias de modelos de élite, de publicidad.? relaccione públique? y todo ese rollo?y no cobraremos entrada. La pasta la sacaremos de las copas. Y vamos a llenar.

Paul, vete a comprar cinco kilos de cacahuetes salados ahora mismo?br />
-¿Cinco kilos?

-Sí, caro. Los vamos a matar de sed. Les pondremos todo el tiempo cacahuetes salados delante para que tengan sed, mucha sed Pr certo, chicas, yo quiero el cincuenta por ciento. Os saco de las deudas. Actúo una hora en play- back y finito. Veis qué pronto se arreglan las cosas? Si es que sois unas exageradas, españolas?

-Candy ?dijo Eva- por esta vez te voy a seguir. Pero sólo por esta vez.

-Me sigues porque te conviene, cara. Es la única manerra de que podais pagar vuestras deudas, de salvar el local y de salvar tu empresa. Io lo hago por dinero y por piaccere, porque sono stafadora, y porque quiero reírme de todos los pijos de esta ciudad.

Unas trescientas personas aseguraban haber visto actuar a Madonna en el local de Sor.

Bebieron hasta reventar, bailaron como zombies y contemplaron, hacinados y fascinados, la actuación de Candy.

 

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