Tierra de por medio

Cuatro fronteras en un solo día. Cruzadas con frío e incertidumbre, pero con el pleno convencimiento de que es el camino. Un recorrido tan largo como la memoria. Nunca he sabido despedirme. Es un acto íntimo que no entiendo público y prefiero el silencio. Ya no siento pena. No aquella congoja del principio, cuando la decisión no estaba del todo tomada y sólo el hecho de pensarlo me sobrecogía. Ahora sé que no importa. Que el mundo es en realidad muy pequeño y los verdaderamente grandes somos nosotros. Una persona. Un amigo. Un nombre que jamás vas a olvidar porque forma parte de ti hasta el final.

Opinión | 23 de noviembre de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

 

Quizá estamos acostumbrados a poner tierra de por medio en busca de aventura o de fortuna, y no tanto cuando todo lo material se ha perdido en un país que se hunde, o cuando supuesta.Mente te has hundido tú después de luchar como una leona por lo que creíste posible hasta que lo fue. España no es un país de empresarios. No para los pequeños que creímos en algo tangible con conciencia. Podría elaborar una lista peligrosa con nombres y apellidos que se han vendido a la especulación, la estafa y la inseguridad social. Puede que ni siquiera ellos formen el ranchito de los malos, porque los supuesta.Mente buenos tampoco son héroes. Las decisiones son una elección que nos dibuja lenta.Mente y construye esa biografía ?autorizada o no- que nos define cuando somos los propios autores del paisaje. Ahora solo soy capaz de mirar por dentro, porque absoluta.Mente nada de lo que era exterior tiene sentido ni valor. El peso de los pasos es un acto tranquilo cuando estamos lejos de la patria. Lo importante es saber quién eres, no de dónde.

Aunque tarde cinco años en entender un idioma complicado y otros tantos en conseguir hablarlo con una mínima corrección, sé que nada de lo que verdadera.Mente tenía se ha perdido. Lo tengo en las entrañas con una fuerza sobrehumana que me guía, por duro que sea el cambio. Empezar de cero es un reto fantástico. Aquello que aprendiste adquiere energía, se hace casi eléctrico, y continúa ardiendo con tanta intensidad como la fiebre, tu propia temperatura corporal. Inmensa, personal, única.

Esta noche, alguien ha pintado símbolos nazis en Papageno Platz. La policía austríaca ha invadido el lugar para tomar fotografías y hacer preguntas a toda la vecindad. Mientras tanto, yo recordaba el pasado 29 de Septiembre en Barcelona, cuando los antisistema ocuparon el Banco Español de Crédito. No estaba lejos de aquello ni cerca de esto. Estaba en todas partes, por la que me toca. Todavía no consigo conocer estos alrededores, pero no me siento confusa ni perdida. Sé que en cualquier momento puedo tomar un avión hacia el lugar preciso en busca de ese abrazo que no he querido dar. Despedirse es partir. Marcharse no supone nada más que un acto físico. Puedo hacer una gimnasia agotadora que devuelva recuerdos olvidados, si es que me queda alguno. Presumo de mantener una memoria prodigiosa y el tiempo parece que pone a prueba la posibilidad. Nunca termino un año sin recuperar a alguien, y éste 2010 se ha llevado el óscar. He dado cien mil vueltas a mi último libro, ?No me olvides?, y con ese título recojo el testigo.

Querida Raquel : Nos encontraremos en París. Han pasado treinta y cinco años. Jamás te olvidé. Gracias por no olvidarme tú a mí. Y haz el favor de dejar de llorar. La melancolía es buena compañera en pequeñas dosis, pero nunca tanto como lo fuiste tú. Ya ves, ni siquiera el tiempo contiene la suficiente distancia cuando los sentimientos se encuentran atados en el alma.

Gracias, España, por todo lo que me has dado, y también por lo que me quitaste. La vida da tantas vueltas que puede resultar asombrosa.Mente corta si se vive con intensidad.

Recuerdo la marcha de mi querido Mestre, hace más de dos décadas. Partió a Chile y me parecía entonces el fin del mundo. Pensé que nunca volvería. Derramé muchas lágrimas en aquel viejo aeropuerto del Prat. Pero regresó. Nadie se va. Nadie vuelve. Lo importante es estar y seguir siendo.

Gracias, Salzburgo, por dejarme pasar. Por mirarme a los ojos aún sin comprender del todo qué es lo que hago aquí. Quizá, como dicen al final de la película Apocalypto : ?Buscar un nuevo comienzo?. Mi amiga Gabi Dachs, con la que no me entiendo ?todavía- hablando, puso hace tiempo en el salón de su casa una fotografía enorme de las dos. Nos la hicieron en Mallorca hace un par de veranos. Cuando contemplé esa imagen en colores, colocada, además, en un lugar privilegiado, supe que me estaba diciendo : Bienvenida a Austria.


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