Yo tampoco soy catalán

Pocas cosas hay que puedan fastidiarme más que mostrarme de acuerdo con ciertos medios con los que en pocas cosas coincido. Estos días, tristemente, coincido con una parte importante de los titulares de medios como La Razón, El Mundo e incluso Intereconomía. Normalmente dichos medios distorsionan la realidad o la presentan de forma tal que alienten la antipatía hacia Catalunya. Uno, por tanto, puede agarrarse a dichas deformaciones para defenderse de ataques casi siempre infundados. Lo que fastidia es que aquellos que deben luchar por nuestra tierra, nuestros políticos, libren a dichos medios titulares con los que poder descalificarnos sin necesidad de alterar lo que es cierto.

Opinión | 26 de septiembre de 2010
Pere Borràs


Ahora, cada vez que nombren el doble rasero de Catalunya, podrán hacerlo con razón. Lo hemos demostrado. La sensibilidad hacia los animales vale para prohibir los toros, pero no los correbous. No ha sido, pues, la sensibilidad lo que nos movió a prohibir los toros, sino un nacionalismo catalanista descarado y con la desfachatez suficiente como para mostrar comportamientos tan diametralmente opuestos en tan poco tiempo. Lo que hemos demostrado, y lo digo con gran pesar, es que no nos importa la razón, ni la justicia, ni siquiera lo que está bien. Solo nos importa hacer una especie de estúpido alarde de inútil tozudez. Vale. Ya lo tenemos. Prohibimos los toros y protegemos los correbous. Ahora todo el mundo podrá ver lo parciales que somos.

Gracias, políticos catalanes, por enmudecerme frente a posibles defensas del catalán. Me habéis acallado.

Hoy, yo tampoco soy catalán.
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