El pulpo Paul

De la capacidad del pulpo Paul de augurar resultados futbolísticos. Es histórico que hasta ahora, el famoso pulpo ha previsto los resultados futboleros del Mundial por el sagaz procedimiento de zamparse un mejillón colocado en una caja de dos idénticamente preparadas y distinguidas por las banderas de los países enfrentados en los partidos. Podemos pensar que el pulpo posee estudios superiores a los que se imparten modernamente en nuestra LOGSE, pues de no ser así, no sabría distinguir una bandera de otra y ni siquiera tendría claro el concepto de país o nación, pero tales serían lucubraciones pedagógicas que no nos llevarían a ningún lado. Además, ¿y si precisamente por esos conocimientos adquiridos en sus estudios, nuestro pulpo Paul fuese un confeso internacionalista desconfiado de cuanto huela a nacionalismo burgués, pequeño-burgués, proletario o aun lumpen?

Opinión | 02 de agosto de 2010
Miguel Arnas Coronado

Si desplazamos nuestra investigación a las motivaciones que llevan al pulpo a escoger una u otra caja, también suponiendo que no sea un pulpo cuántico y resulte que, pícaramente, se atiza ambos mejillones de ambas cajas aunque los demás no nos percatemos, si desplazamos, digo, nuestro interés hacia las motivaciones pensaremos de inmediato que el animalejo le ha tomado gusto a ciertos colores de cierta bandera, pero de inmediato recordaríamos que no ha adivinado sólo resultados de partidos que han enfrentado a otros países con el nuestro, y siempre ha acertado (excepto en un caso, y eso es lo que lo convierte en atractivo de veras desde un punto de vista patafísico). De inmediato se nos viene a la cabeza un detalle que ha pasado inadvertido a otros comentaristas que han analizado el caso: ¿con qué partes del cuerpo se juega al fútbol?, con pies, piernas o patas y de vez en cuando con la cabeza; sólo el portero está habilitado para usar las manos, de lo que podemos fácilmente deducir que Paul será delantero, defensa o centrocampista, nunca portero, porque ¡ahí está el asunto!, un pulpo es un octópodo, es decir, ocho patas, y cabeza tiene hasta el extremo de podérsele llamar cabezón. Ese es el verdadero motivo de su habilidad. ¿Sería entonces más eficaz, por más entendida, una escolopendra, es decir lo que suele llamarse ciempiés?, ¡ah!, suponiendo que evitásemos su picadura peligrosísima, ¡no nos serviría como augur porque, al contrario que el pulpo, carece de cabeza o ésta es insignificante!

Así, podríamos utilizar en la adivinación de los vencedores en los campeonatos de natación, no un delfín, que sería tal vez vulgar, sino un perro porque nadan como los niños y todos los nadadores lo han sido alguna vez. ¿Cómo dispondríamos las banderolas y hacia dónde debería nadar el chucho?, sería tema para otro artículo, pero el cada vez mayor desprestigio de la ciencia que no tenga aplicación inmediata y para el mayor bienestar e incremento del consumo, trabaja en beneficio de estos procedimientos pues, no sólo tienen la ventaja de la distracción y la publicidad sino el ahondamiento en el sentimiento mágico de la realidad social, que redundará siempre en socorro de cuantos, desde las cátedras y facultades de propaganda, es decir de ciencias políticas, estudios en los que nadie se licencia porque no es en absoluto necesario, tratan de ocupar puestos para los que su inexistente título los acredita.

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