Reencuentros

Internet es un artefacto milagroso que permite reencuentros en tiempo récord a golpe de pantallazo. Curiosa relación la de muchos con el medio. Te buscan -o los buscas- primero con el dios google que casi todo lo puede, y en ese momento, si apareces, se preguntan si deben. Cuesta, sinceramente, entrar de nuevo en la vida de alguien que se perdió por distintos caprichos del destino. Buenas o malas relaciones, truncadas, vividas con intensidad en su momento, alejadas más tarde por cuestiones externas que impiden marcar distancia, contemplar de forma neutral pasados acontecimientos, sensaciones fuertes o mera curiosidad.

Opinión | 08 de mayo de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

No hace mucho me buscó una compañera de colegio. Nos perdimos la pista hace exactamente cuarenta y un años. Me pregunté, ante todo, por qué me recordaba : "Fuíste la primera amiga que tuve, la primera amiga de verdad", me dijo. Yo no la había olvidado porque compartimos profundas gamberradas, como poner el tocadiscos de la clase a todo volumen para bailar canciones de Rita Pavone. Me ví, sin el menor esfuerzo, con un pichi a cuadros azules y rojos atravesado por una larga cremallera que me había hecho Andrea, la costurera que venía dos veces por semana a casa para hacernos la ropa. De pronto me quedé en el más absoluto silencio recordando aquellas tardes que no había olvidado, pero sí almacenado en la memoria sin demasiada importancia y dispuestas a activarse una tras otra con una facilidad sorprendente...la canción italiana, el festival de Eurovisión que ganó Massiel, la fiesta que hicimos en casa de Ana, cada una interpretando una canción en play back cuando el karaoke no existía ni en la más calenturienta de las imaginaciones, los bautizos de los muñecos, pero sobre todo, Andrea, la costurera. Era una mujer mayor que había sufrido mucho durante la guerra civil. Estuvo presa con una condena de muerte. Era roja. Me traía cada tarde caramelos "sugus", y yo buscaba los de fresa, siempre los de fresa. Hacía patrones con papel de periódico y trazaba las líneas con una gran tiza azul. Yo la miraba intentando aprender, pero era demasiado pequeña o demasiado tonta. La imagen de Andrea me devolvió a Rita Pavone. No sé cuántos años debía hacer que no la escuchaba. Me fuí en busca de los youtubes y encontré éste:
 
 
Allí estábamos otra vez, bailando como posesas. Yo imitaba los movimientos de la Pavone como si estuviera cantando. Mi amiga seguía el ritmo mientras vigilaba el pasillo por si se acercaba la profesora. No sólo podía verlo, es que estaba. Dentro. Mantuve minimizado el correo de mi amiga mientras daba vueltas y más vueltas a los episodios que se me aparecían como por encanto. Ella decía : "Nunca te he olvidado. Eras tan divertida, tan alocada y tan diferente en todo. La verdad es que has sido la única persona que supo seguirme el rollo y por eso siempre me río cuando me acuerdo de tí. Qué tremenda. No podías con las matemáticas y menos con la geografía. Lloraste mucho el último día de colegio, cuando lo cerraron, te acuerdas?..."
Y sí, me acordaba, claro que me acordaba...
 
 
 
Recomendamos



La pegaste, Maradona. Cómo la pegaste

"No me importa lo que hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía". Así se despacha uno de los fans Maradonianos.

Asquerosos

Dais asco afirmando que los inmigrantes viven de ayudas, ninguno trabaja y por su culpa los españoles carecen de prestaciones sociales: es mentira.

Nadiuska y la protección de sus datos

La reina del destape dicen que ya no recuerda. Su último papel fue en la serie "Tristeza de amor".

Escrito en la cara

Hoy se me ha ocurrido teclear su nombre en busca de un destino ignorado. Murió muy joven. Robo a mano armada, tenencia de armas, asesinato.

Mainat merdé

Josep María Mainat: por el amor de una mujer, han dado todo cuanto fue, lo más hermoso de su vida.

Me lo dijo Pérez

Vox ha hecho bueno al Partido Popular, que ahora se nos antoja un mal menor sin fuerza propia. Quién nos lo iba a decir.









Este sitio web usa cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Si sigues navegando, aceptas el uso de cookies por parte de tenemoslapalabra.com.