Carmen Lomana

Debería estar acostumbrada a todo este desmadre de piojos resucitados pero no dejan de asombrarme cada fin de semana, de viernes a domingo, cuando les veo aparecer en pantalla con la excusa más necia. Hoy, de entre todas ellas, le toca a Carmen Lomana, una mujer estirada a lo Barbie pero geriátrica. Dice que es millonaria y apareció por primera vez en una fiesta acompañada de Javier Rigau, el jovencillo que estuvo a punto de casarse con Gina Lollobrigida, y desde entonces no deja de estar en todas partes.

Opinión | 19 de marzo de 2010
Cordelia Colby

Lo único que me mola de esta nueva figura del papel couche es que confiesa que no tiene armarios, tiene "habitaciones". Reina de la pasta española, se confiesa solidaria y culta, madrugadora y viuda de un potentado que la dejó colocadísima. Boris Izaguirre la ama como se ama a sí mismo y la pone por las nubes. Hace bien, porque está cada vez más cerca del cielo, la otra vida, porque en ésta ha tenido y tiene de todo. Todo es "ideal", y el resto "una gran ordinariez".

Viste mal, como recién salida de un vídeo clip pretencioso de los años 50, en los que seguramente se quedó colgada. La frente le empieza prácticamente a la mitad de su cabeza, se ríe sin que se le mueva un solo músculo, tiene manchas en las manos pero le quedan bien, y luce joyas de lo más ostentoso que no recuerda cuanto le costaron.

Encantada de haberse conocido, desconoce la parte oscura de la vida, la pura necesidad. Se va a la India para mostrar el verdadero lujo asiático. Todo es "maravilloso" aunque los lóbulos de sus orejas parecen estar a punto de caerse debido al peso de unos pendientes excesivos. Tiene mono de shopping innecesario, ella está de mas porque tiene mucho, sabe lo justo y no se altera ni aunque el mundo se caiga, siempre y cuando el suyo permanezca igual que siempre.
 


 
Un estudiante ha hecho la tesis doctoral sobre ella, cosa que le fascina hasta tal punto que asegura "ya me puedo morir tranquila". Sus amigos se han quedado sin "cash" para ir al supermercado, pero mientras tanto, ella se pasea destilando lujo, excesos y palabras injustas, segura de su silueta y manejando el tiempo soberano que le asiste.

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