La misión

Según me cuentan, aparecieron dos tipos fotocopiados del increíble Hulk y el famoso primo de Zumosol, es decir, un par de armarios que dan un susto al miedo para provocar el idem. Era de noche, por lo que cabe añadir eso de la "nocturnidad". También estaba planeado : Démosle alevosía.
Deducir de los acontecimientos que a continuación les voy a relatar si se ha hecho o no justicia, lo dejaremos en manos de leguleyos que con toda probabilidad nada podrán hacer puesto que ni siquiera llegará el asunto a sus manos porque ha ha quedado en familia o "petit comité", como mejor prefieran interpretarlo. Pero de lo que no cabe la menor duda es de que hablamos de trapos sucios, muy guarros, podridos y ocenos. Sí, he dicho "ocenos" (entiéndase "fetidez del aliento"), y también digo obscenos.

Opinión | 10 de febrero de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Vayamos, pues, por partes, antes de entrar en materia. Una lluvia torrencial de esas que paralizan el tráfico, caía sobre un tipo desnudo. No se trataba de un nudista, qué va. Era un empresario de cuyo nombre me acuerdo ,porque incluso hasta eso falseaba colocando un guión en su segundo apellido, al que añadía a su vez el tercero de su madre para representar algún tipo de aristocracia inexistente o rancios abolengos varios. No me atrevería a asegurar que es un snob, palabra cuyo significado parte del "sine nobilitate", y que con el tiempo se ha convertido en una traducción popular que más o menos retrata al bon vivant nocturno que trabaja poco, cuyo padre tiene mucha pasta y chupa más que una fábrica de esponjas, a la par que se relaciona con lo mejorcito, créme de la créme, para entendernos mejor y sin caer en la gravísima confusión que supone ser lo otro, un "play boy", título indiscutible que la historia ha concedido al gran Porfirio Rubirosa.
Llegados a este punto, el empresario fantasma manejaba la pasta de otros a sus anchas y con toda desfachatez. Su tono de voz era tan sumamente monocorde que podía decirte sin cambiar un ápice su lánguido timbre que el mundo se acababa, que tenía un orgasmo o un accidente de coche. Lo mismo. Es que no se alteraba ni para desnudar a la mismísima Angelina Jolie, cosa que nunca, evidentemente, pudo hacer. Eso ya me parecía bastante sospechoso, pero como no tenía implicación en sus asuntos y simplemente le ví pasar en cuatro ocasiones, nunca me molesté en prestar más atención que la evidente. Y su evidencia era notoria, pero no pública. El tipo vivía con una especie de burka invisible a modo de máscara vital que le permitía hábilmente no ser reconocido. Prepotente, un tanto vago, presuntuoso, indolente y más chulo que un ocho. Se consiguió un palacio a cuestas del patrimonio de socios capitalistas a los que ha dejado tiesos, puesto que han perdido -literalmente- hasta la camisa. Se mantenía firme, insistiendo en los números. Cifras que no cantaban porque las colocaba a placer mientras los otros continuaban creyendo en el papel. No pagaba alquiler, ni seguros sociales. Era una cuenta atrás típica de fuga hacia adelante, de rollo "toma el dinero y corre". Como no acostumbraba a correr físicamente hablando ni se corría fisiológicamente, su mente era una enjundia de nada. Pero se pulía la pasta con tesón, se curraba el dispendio y hasta la figura jurídica de la prodigalidad. Era el verdadero modelo de manual : Un pródigo.
Agotó los plazos hasta el último suspiro reventándose incluso los ahorros de sus amigos lloriqueando como un bebé, pero para la galería todo iba muy bien, y si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría. Continuaba sus sesiones diarias de rayos uva adquiriendo un desagradable tono naranja que no colaba ni bajo efectos de las más duras sustancias tóxicas. No tuvo ningún cargo de conciencia al dejar colgadas doscientas familias sin salario,y un buen día que para él debió ser forzosamente malo, desapareció. Iba a escribir "en combate", pero jamás supo ni quiso luchar por nada ni nadie excepto por él mismo. Y ese mismo, anoche se quedó en bolas, en puñeteras pelotas, por la fuerza de dos sicarios no identificados que le lanzaron el siguiente mensaje : "Sólo se trata de que hagas el ridículo y pases una verguenza de la que no te leventarás durante el resto de tu vida". La noticia en cuestión corrió como la pólvora, y ahora todos y todas las personas que fueron sus súbditos saben que la tiene pequeña y arrugada, que atravesó la ciudad en cueros vivos pidiendo auxilio, empapado, que su mujer le echó de casa con un par de pantalones, otras tantas camisas y cincuenta euros por todo capital.
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