¿Colonialismo? ¡Sí, gracias!

Los países del primer mundo pueden tener colonias soberanas en el tercer mundo ¿Y los países pobres saldrian ganando esta vez? Si! Al menos eso es lo que se desprende de las revolucionarias ideas del economista norteamericano Paul Romer, propuesto para el premio Nobel.

Opinión | 26 de enero de 2010
Andreas Kuska

Cual es su concepto: por ejemplo: Haití cede un terreno amplio a Francia para construir una gran ciudad regentada exclusivamente por franceses bajo la jurisdicción francesa. Francia envia su personal administrativo, sus funcionarios y fuerzas de seguridad; posteriormente, pone a disposición de la nueva ciudad importantes fondos de inversión con ánimo de lucro o procedentes del gobierno. Las empresas privadas de todo el planeta podrán invertir allí con total seguridad.
El mayor obstáculo para la inversión extranjera en países pobres es la falta de seguridad jurídica que se resume en corrupción, burocracia y despilfarro. Con la fórmula propuesta por Romer ese escollo queda eliminado al tratarse, en este caso, de territorio francés. La mano de obra barata local podrá trabajar y vivir en la nueva ciudad.
El neocolonialismo ? expresión acuñada por la izquierda de los años 60 - y que describía situaciones de dependencia injusta quedaría atrás.
No obstante, esta nueva ocupación de una parte de un estado teoricamente independiente no es la encarnación de un lirio democrático; pero los estados ?fallidos? tampoco lo serían sin los inversores extranjeros.
Cabe destacar que una de las ciudades más ricas del mundo ha ido adquiriendo justamente este status debido a su trasfondo colonialista: Hong Kong sería hoy un pequeño puerto en el mar chino si no fuera por la ocupación británica que duró 100 años. ¿Quién invertiría en la China de Mao después de la llamada ?revolución cultural?? Hong Kong, sin embargo, fue una isla de desarrollo dentro de la depauperada China de antaño ? su status colonial fue determinante para el espectacular éxito económico de la ciudad.
La visión de Romer se llama ?Charter Cities?: la única imposición que deben hacer los países en vías de desarrollo es ceder el terreno. Evidentemente deben tener acceso marítimo y es imprescindible que existan grandes masas ya que en el Sahara no podría funcionar este turbo-desarrollo: la combinación de un estándar del primer mundo unido con los costes del tercer mundo provocará una explosión de la riqueza en poco tiempo, según Romer.
Quedaría anulada la ?actual manía social-tecnocrática? (Romer) que practican los países a través de pagos de ayuda al desarrollo.
Los críticos de Romer llaman el modelo como ?antidemocrático? y ?colonialista? ya que no habrán elecciones libres. Romer, que trabaja ya con un equipo de 10 científicos en la realización de esa ?utopia? .
Pero, de no aceptar un cambio rotundo en la actual política de desarrollo, Occidente, a caso querrá seguir pagando billones en proyectos que han demostrado una tremenda falta de eficacia durante decenios ¿Cómo se organizarán las aproximadamente 3.000 millones de personas en el tercer mundo que, según estimaciones de la ONU, dejarán el campo para buscar su bienestar en las grandes urbes hasta el 2030?
Un modelo turbocapitalista, pero interesante. Quizás una combinación de las ideas de Romer conjuntamente con la protección de gobiernos y organizaciones supranacionales serían una alternativa.
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