Mrs Robinson

Mrs Robinson

Es poco original, lo se, pero también resulta inevitable. Las descargas de esta canción han reventado Youtube. La esposa del primer ministro de Irlanda del Norte, Peter Robinson, ha reconocido públicamente que mantuvo un tórrido romance con un jovencito de 19 años. Cinco meses de sexo desatado y alegrías horizontales e incluso verticales, vaya usted a saber. Ella, Mrs Robinson, tenía 58 años. Conservadora, madre de familia y mujer de su casa, ahora resulta que su lado oscuro está en boca de todos.

Opinión | 18 de enero de 2010
Consuelo G. del Cid Guerra

Caray con Iris, que así se llama. Insatisfecha y más falsa que un euro de plástico, se lió la manta a la cabeza para aliviar sus más bajos (o altos) instintos con el chaval, al que además mantenía con fondos del ministerio. Le montó un café-bar para dejarle bien arregladito, solicitando 50 mil libras a dos empresarios.
Su -todavía- encuernadísimo marido legal vigente (porque éstos son de los que no se separan por el bien de los hijos y el hogar dulce hogar), preside una coalición de católicos y protestantes. Manda narices y que les guarde su dios muchos años.
La bella Iris, que hoy tiene 60 años, ha reconocido los hechos:
"Todo el mundo está pagando un elevado precio por mi conducta. Lo siento mucho".

Y asegura que no se presentará a un nuevo mandato parlamentario porque tiene una gran depresión, incluso ha admitido que intentó suicidarse. Es lo que tienen los escándalos cuando se hacen públicos y sus protagonistas insisten en que se trata de ?un asunto privado?.

El ex amante de la asalta-cunas, ha declarado que ella le dio un par de cheques a razón de 25 mil libras cada uno, pero le pidió de vuelta cinco mil libras en metálico para hacer un donativo a la iglesia. Lo dicho, al final, lo puso en manos de su dios. La Sra. Robinson es un fenómeno que no tiene desperdicio, y es que los tiempos cambian una barbaridad. Lo que antes hacían los hombres resulta que ahora lo hacen las mujeres y parece que es peor, cuando se trata de lo mismo. Puede que este modélico matrimonio mantuviera un pacto de no agresión y polvos esporádicos clandestinos. Mientras no haya engaño todo es lícito.

Mi socio, que era un hombre muy inteligente además de divertido, me contaba que en el Teatro del Liceo de Barcelona, entre los cincuenta y los sesenta, las familias pudientes y respetadas acudían a la Opera con la amante mantenida del marido, que manteniendo una distancia prudencial, se sentaba en las filas traseras. En una ocasión, la amante probablemente ofendida y despechada, se colocó con todo descaro junto a la esposa legal vigente del individuo en cuestión, ante todos los amigos, conocidos y circundantes.

?¡Que vergüenza! -exclamó una señora-. ¡Esto es un escándalo, las cosas no se hacen así. Ahí esta 'la nuestra' (refiriéndose a la amante de su marido, que se encontraba en un asiento lateral del fondo) y no se ha enterado nadie!"

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