Herida

Se arman los Belenes, y se arman a tiempo, tocando las campanas correspondientes. Calendarios de adviento, botas rojas, espumillones varios de brillo terrenal como referencia de una fiesta que algún día -dice la historia- fué real. Musgo, corcho, pesebres. Figuritas de barro, cartón, piedra, vidrio, porcelana y demás posibilidades aplicables a los actores: Jesús, María, José, el buey, la mula y sus tres reyes magos. El vil metal en cofres ofrendados, de ahí nació el Corte Inglés, los turrones que obligan a volver a casa y las muñecas a pilas que lo mismo hablan, comen, lloran, tienen el período o son top-models.El simulacro de amor y paz ha comenzado: Saquen los langostinos y pueden desde ya empezar a insultar a sus cuñados.

Opinión | 07 de diciembre de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Belén Esteban, Belén Ordóñez y Belén Ruiz ocupan ese cuadrado corazón habilitado al chisme, la siembra del rumor, el pelotazo aéreo y los disitntos tipos de traición multicolor, tuti frutti y desgaste agitado en boca de los maestros oficiosos de un oficio que se cree profesión.
La primera: Hija del pueblo, ex mujer de torero muy poco afortunada. En su momento chiquilla quebradiza de San Blas, más tarde rompedora, terremoto, grosera, con la gracia casual por insistencia, crecida y agrandada. No me cae bien ni mal. No tiene pretensiones, sabe ser ella misma aunque no sepa estar. Me gustan sus arrugas, su reloj de diamantes, su indolencia, arrogancia, caída de ojos tristes y en ocasiones rabia. Despistadísima ante los fraudes, estafas y correrías varias de hurones a la caza de una dulce camada de inocentes conejos. No puede, la mujer, porque es que no la dejan, descansar de su ex. Boca en boca de to-d-r-os, opinión impulsiva, ciclotímica, chula, teñida y ceñida con necesidad urgente de respiraciones varias asistidas.
La segunda, Belén Ordóñez, hija de ganadero y matador de toros, hermanísima de la irrepetible Carmina que asegura haber perdido "su mitad" cuando el viaje sin vuelta del hada y azabache, única en su melena, vida de subsistencia, lujo aparente y pérdidas. Las grandes. Se encuentra ingresada en la clínica psiquiátrica López Ibor junto con su hija, Belén Ruiz, desde el pasado día tres de Noviembre. Al parecer, supuestamente, y según lo leído, escuchado o rumoreado, un episodio violento entre madre e hija en el que hubo gritos, golpes, penas y reproches, llevó a los alertados vecinos a llamar a la policía, que a su vez requirió servicios médicos de urgencia. En demasiadas ocasiones le han dicho en su cara que ella es la "hermana fea". No me lo parece. Sus exquisitas formas públicas y escasas declaraciones en cuanto a lo privado, la hicieron siempre distinta ante las cámaras. Arrastra las palabras aún atragantada de pastillas tranquilizantes, siempre dá "gracias a dios". Peligrosamente delgada, amarilla, caquéptica, encorvada, lenta e indecisa. Se reconoce sensible, pero no débil. También declaró no hace mucho, en una de esas noches giratorias (entiéndase "La Noria"), que durante su infancia y adolescencia era normal que su padre estuviera "herido", y así lo contaban las hermanas Ordóñez-Domingín a sus compañeras de colegio: "Papá está herido", con lo que una gripe común para el resto de los mortales, en su ámbito familiar no significaba gran cosa. Se educó a cornadas, rejoneos, capotes, plazas, curiosas devociones a vírgenes y cristos fundados en oro, coronados en tierra y de rodillas suplicando mejorías que tal vez se producían, pero siempre dejando cicatrices físicas, cosidos y cosidas en talleres sanitarios tras la última fiesta nacional. Belén es una mujer triste.Tan herida que se cae, rendida, víctima de sí misma.Sola. Un reflejo candente de su hermana del alma, de esas almas heridas que terminan en drama, al final de una búsqueda agotadora y negra. Tan pronto tienen mucho como no tienen nada. Desaparecen sin más, algunos días, persiguiendo su sombra. Belén madre e hija están en boca de todos, metiendo mano a los más íntimos asuntos. Lamentable episodio con lágrimas de más. Se debería -textualmente- dejarlas en paz.
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