Milnovecientosetentayuno

Milnovecientosetentayuno

Que miedo. Los años han pasado sobre todas las calles donde te vi correr. Ahora nada más que los tacones, cercanos al trabajo, y un traje de chaqueta casi clásico cubre todas las formas que tuvimos. Me presento de nuevo como aquella emboscada, diez minutos de bosque que ignoraron consignas.

Opinión | 03 de diciembre de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Barrio gótico y plazas, pancarta indefinida, protesta inigualable. Ojos de juventud que brillaban al tacto de cualquier injusticia, por todo compañeros contra los picoletos, arriba la montaña, sótanos conspirados, contra dios y sus santos, contra un sistema arcaico sobre el dolor ajeno. Piquetes, grupo amado, promesas en la sombra bajo la luz del día. Escuchaba tu nombre escrito a maquina en manos del puñal fichado alrededor de un tacto ya perdido entre la lija y sueño nada reparador.

Que cosas transcurrieron, que extrañas cobardías, redadas enredados por tantas amnistías. El poder es un galgo que vuela hacia delante sin valorar sus alas hibridas y artesanas. Paz, amor y las flores. Sobre la libertad documentados, un carnet de promesas, comunes los soldados, la fe que no escribimos, la octavilla del cargo. Era fácil ser pobre, pretender de la aurora mucho más que su luz. Grabados y candentes con marcas misteriosas, éramos la protesta, la verdad de lo autentico, la pesadilla hermosa, la canción de Lluis Llach. Mecheros por las noches. Miles de campamentos y la costosa cima del Puigmal. Refugios por la nieve, las guitarras, los trenes en su estación final más allá de las diez.

Yo te recuerdo, sabes? Te veo como un águila imberbe y a mí por florecer. En los Encantes hubo un almacén de clavos, marcos semi dorados, perlas falsas y un pez. Fuera del agua, muerto, con paso de tortuga para seguirte siempre. Nunca tuviste corbata, tampoco yo automóvil. Subastaron el mundo con suma rapidez. El nombre de un mandato cambiaba de apellido. España fue un gran pazo, intemperie sin techo, la caza de conejos, las multas por pensar, bocadillos de frankfurt, absenta y cafés largos.

De una vez los menores escondimos cuadernos, sobres blancos, bolígrafos, las plumas mas baratas, las palmas del sereno, la luz artificial.

Un bar que aun existe tiene las mismas láminas. Entre grasa y esputos rasgábamos la sed. No importaba el domingo, ni el martes o los jueves. No contaba aquel luto que llevamos por el.

Que extravagante pánico me inunda cuando digo tu nombre. Nunca te volví a ver. Dijeron que tu hermano murió victima de su razón de ser

Que miedo. Los años han pasado sobre todas las calles donde te vi correr. Ahora nada más que los tacones, cercanos al trabajo, y un traje de chaqueta casi clásico cubre todas las formas que tuvimos. Me presento de nuevo como aquella emboscada, diez minutos de bosque que ignoraron consignas. Barrio gótico y plazas, pancarta indefinida, protesta inigualable. Ojos de juventud que brillaban al tacto de cualquier injusticia, por todo compañeros contra los picoletos, arriba la montaña, sótanos conspirados, contra dios y sus santos, contra un sistema arcaico sobre el dolor ajeno. Piquetes, grupo amado, promesas en la sombra bajo la luz del día. Escuchaba tu nombre escrito a maquina en manos del puñal fichado alrededor de un tacto ya perdido entre la lija y sueño nada reparador.

Que cosas transcurrieron, que extrañas cobardías, redadas enredados por tantas amnistías. El poder es un galgo que vuela hacia delante sin valorar sus alas hibridas y artesanas. Paz, amor y las flores. Sobre la libertad documentados, un carnet de promesas, comunes los soldados, la fe que no escribimos, la octavilla del cargo. Era fácil ser pobre, pretender de la aurora mucho más que su luz. Grabados y candentes con marcas misteriosas, éramos la protesta, la verdad de lo autentico, la pesadilla hermosa, la canción de Lluis Llach. Mecheros por las noches. Miles de campamentos y la costosa cima del Puigmal. Refugios por la nieve, las guitarras, los trenes en su estación final más allá de las diez.

Yo te recuerdo, sabes? Te veo como un águila imberbe y a mí por florecer. En los Encantes hubo un almacén de clavos, marcos semi dorados, perlas falsas y un pez. Fuera del agua, muerto, con paso de tortuga para seguirte siempre. Nunca tuviste corbata, tampoco yo automóvil. Subastaron el mundo con suma rapidez. El nombre de un mandato cambiaba de apellido. España fue un gran pazo, intemperie sin techo, la caza de conejos, las multas por pensar, bocadillos de frankfurt, absenta y cafés largos.

De una vez los menores escondimos cuadernos, sobres blancos, bolígrafos, las plumas mas baratas, las palmas del sereno, la luz artificial.

Un bar que aun existe tiene las mismas láminas. Entre grasa y esputos rasgábamos la sed. No importaba el domingo, ni el martes o los jueves. No contaba aquel luto que llevamos por el.

Que extravagante pánico me inunda cuando digo tu nombre. Nunca te volví a ver. Dijeron que tu hermano murió victima de su razón de ser.

 

 

 

Recomendamos



Me lo dijo Pérez

Vox ha hecho bueno al Partido Popular, que ahora se nos antoja un mal menor sin fuerza propia. Quién nos lo iba a decir.

Titi de Saboya, la princesa rebelde
Hija de los Reyes de Italia, la princesa María Beatriz de Saboya, conocida como Titi, se puso el mundo por montera desde que llegó al planeta Tierra.
Adiós al colegio

Los hijos del Estado, cuyas familias serán castigadas con penas de prisión si los niños no van al colegio.

Su Majestad: vergüenza

Obligados a bajar la cabeza cuando se le saluda, porque fue Rey, y es -ahora- emérito.

La nuestra es Bárbara

Bárbara fue "la nuestra"; estuvo muy calladita durante años y años hasta que largó lo del allanamiento y otras amenazas.

Loquillo y Miguel Bosé: los idiotas del día

Si algo ha quedado claro hoy es que la fama no le libra a uno de ser imbécil. Y para muestra, dos botones: Loquillo y Miguel Bosé.









Este sitio web usa cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Si sigues navegando, aceptas el uso de cookies por parte de tenemoslapalabra.com.