El desorden

La capacidad individual resulta incalculable sin la presencia del límite, tanto físico como psíquico. Ponernos a prueba en manos ajenas en nombre del esfuerzo y de una entrega no inicialmente voluntaria , en ocasiones debido a la necesidad , produciendo diversos efectos claramente nocivos que terminan en lagrimas, pese a la fortaleza de cada uno, cambiándole de lugar, confundiendo su referencia y trastornando la personalidad, tiene siempre como final una sola palabra : PENA.

Opinión | 11 de noviembre de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Aplicar, por tanto, el código penal en asuntos personales o profesionales no cambia el concepto de ?delito?. Articulo 248 : ESTAFA:

?Cometen estafa los que, con animo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno?.

1-Se entiende por ?animo de lucro?, el hecho de ganar dinero o beneficiarse de algo.

2-Se entiende por ?utilizaren engaño? el hecho de mentir, bien descaradamente o solapadamente, en cualquier caso, no decir la verdad, manipularla, alterarla o crear la confusión suficiente al respecto no actuando de buena fe.

3- El término ?bastante? no es ni mucho ni poco, se entiende por lo ?justo? para causar daño.

4-Se entiende por ?producir error en otro?, el hecho de crearle confusión con distintas artimañas.

5- Se entiende por ?induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno? a la conclusión del engaño en manos de otro.

Aplicar, en consecuencia, la filosofía al código penal, con la ausencia o presencia de pruebas suficientes como para demostrar alteraciones vitales, ya sea en el ciclo de la salud, alimentación o sueño, cambios de humor, inseguridad, distintas reacciones a la presión, humillación, desprecio, aislamiento, aumento o reducción de funciones, control, espionaje y acoso moral, debería ser licito.

La prueba fehaciente no es otra que la propia persona : Sus bolsas bajo los ojos, dolores de cabeza, llanto fácil, disminución o aumento del apetito, falta de concentración. Un cuadro intimo exteriorizado que se prolonga en el tiempo lo suficiente como para causar mal, hasta que se refleja en análisis de sangre, radiografías y demás pruebas medicas.

Normalizar el desorden nos convierte en enfermos del alma. En estafados.

 

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