En el día de hoy

Me retumban los oídos como si atacara el imperio. Veo colocar letreros de ?se vende, se alquila o se traspasa?, a grandes velocidades. Tanto, que los cinco días hábiles se diría que probablemente inhabilitan.

Opinión | 05 de octubre de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

No estoy centrada, y en los márgenes, como en las minorías, se encuentra lo autentico. Siento la encerrona. He pasado por la plaza de toros Monumental y por primera vez he sentido rechazo. Escucho, leo las noticias. Un conglomerado de historia reciente adquiere forma de puzzle, porque ya no se sabe donde y como colocar los casos y las cosas. Todo se tuerce. Nada encaja.Los armarios están llenos de inocentes. De cualquier esquina sale un verdugo ejecutor. Es cuestión de conciencia. La ciencia, como siempre, avanza una barbaridad, pero nuestra moral se confunde con lo necesario. Somos demasiado como para quedarnos de brazos cruzados. Incluso el gesto, por cierto, llegaría a cuestionarse. Puede que no nos maten a balazos, pero si con papeles. Detectados, sellados e historiados. La nuestra será una historia clínica y social. Por dentro nos deterioramos, por fuera nos destrozamos. Faltan palabras. Posturas. Riesgos esenciales. Manifiestos reales. El discurso del peligro. La espera es maquiavélica. Demasiados perdones atrás que permanecerán en el olvido. ¿Dónde están los intelectuales?, pregunta un hombre sabio en la presentación de su libro. Me pregunto lo mismo, ¿donde están ?. Pasado el tiempo, será cierto que las cosas se ponen el su sitio??Ante semejante espectáculo en el que iglesia y justicia cometieron errores y horrores, las conciencias de aquellas victimas hoy adultas, hechas, convividas y confesadas, se han convertido en reos con puntos de sutura en el alma. Acción, reacción ¿Qué estamos esperando?

El cambio general de otros, las decisiones de ellos, el monte de unas ánimas ajenas que harán de todos nosotros las marionetas de siempre pero con un nuevo material más resistente. Armado. Este inolvidable presente anclado en su propia historia oficial que olvida lo importante, crucifica un mal que no responde, adoctrina sin mas en nombre propio, como si cada carnet de identidad fuera una Biblia, conveniencia a lo sumo, restada de un interior confuso, obtuso, convencido a si mismo por empeñarse en ser mas allá de otra cosa: Persona, quien da mas. Falta osadía. Descaro. Improperio. Rebelión, manifiesto, lanzamiento personal camino a todos los tiempos. Estos que nos regala desventura, con absoluta certeza, lazo que es atadura, discurso sectario fácil de entender y mucho más creíble que todo lo complicado.

Sin embargo, un deseo enfermizo de tocar el tambor, de puntapiés, zancadillas y traspasos prohibidos, allí donde nadie escribe ni conoce lugar excepto para ser el mas inútil de los grandes desconocidos. Los talentos no cuentan, la cuenta atrás en números carnales, obscenos y en el grito gutural del desespero causado por un sistema métrico decimal que no tiene sentidos. Huelo ese miedo inconfundible de la más profunda incertidumbre. Solo nos quedara todo aquello que no nos pueda quitar nadie. Pero es que lo bailado ya parece ridículo. Recuerdo una canción de hace ya mucho. No ha cambiado. Tiene sentido aun, a pesar del otoño.

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