El delantal

El delantal

Le faltaba el delantal. Sí, porque para comenzar a ?fregar? algunos ?cacharros? pringados, sepan ustedes, que es mejor ponerse un delantal que nos proteja de las salpicaduras de según qué tipo de aguas para que no penetren en el traje sensible de nuestra piel.

Opinión | 24 de septiembre de 2009
Gloria Mateo

Pues eso: a ella le faltaba el delantal. Nunca quiso llevarlo, porque consideró que era como no ir de frente, amparándose en algún tipo de protección. Toda su vida se la ha pasado sin él. No le ha dado la gana de ponérselo. Y no tiene lavavajillas, ni alguien a su servicio que le ayude en dichas tareas. Así que siempre ha asumido los riesgos que corre de salpicaduras.

Sin delantal, a cuerpo limpio, se ha encontrado (como todos, a lo largo de la vida, aunque algunos se lo han puesto), con las caricias de aguas limpias que se agradecen; con aguas putrefactas que corroen como el Salfumán y dejan heridas profundas, incapaces de ser reparadas por un cirujano plástico; con aquellas otras de aspecto transparente que generosamente, le han ayudado a quitar alguna mancha pero que luego han producido un cerco de dolor y de tristeza más grande que el ?lamparón? anterior, porque confió en su pureza. También con aguas bravas, que le han dejado pequeñas señales, positivas o negativas, sin importancia, quizá por su paso acelerado; y con otras que, más en silencio, sin alaracas y, ya habiendo transitado por tortuosos cauces en su curso, le han dejado el perfume de la confianza y de la esperanza.

Y así ha ido pasando su vida, sin un delantal que la protegiera. Pero empieza a pensar en tener que ponérselo. Su piel empieza a clamar a gritos un poco de aloe vera. El cansancio se refleja en ella. La lucha constante, lleva a la fatiga y ésta al agotamiento y al querer abandonar. Menos mal que todavía le queda el poder de los sueños y de la imaginación que están mucho, mucho más profundos que la propia piel y que, de vez en cuando, le hacen escuchar una nana dulce.

Me ha dejado un encargo: ¿Quién le vende un delantal de flores? Porque si se decide a llevarlo, sólo será de flores. Pero vivas, no muertas. De las que están ancladas a la tierra por sus raíces, tallos y hojas verdes y que tienen el vigor que ésta les proporciona hasta que acabe su ciclo vital. Serán las únicas que, con su belleza, le darán la energía suficiente, para seguir ?fregando?. Las únicas que le podrán ayudar a espantar los malos augurios de algunas ?morreras? de la vajilla que todavía le queda por limpiar.

Señores, señoras: ¿Saben de alguno así? Tengo que comprarlo para ella. Es urgente. Acaba de sufrir, y tiene en carne viva, otra herida bandida.

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