...punto final...

El punto final no existe mientras estemos vivos. Estaba a punto de ponerlo, pero he decidido colocar puntos suspensivos. Ni siquiera podría decir ?ya esta?, porque no es así. Escribo sobre el final de un libro compartido que pasa ya a las primeras correcciones. La idea surgió de un arrebato tras leer repetidamente los textos del poeta David González sobre la cárcel. Me siguió sin dudarlo. No tenía la más mínima idea de lo que podía suponer rememorar el pasado. Se dice que el tiempo lo cura todo, pero no lo borra.

Opinión | 07 de septiembre de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Sin excesivo esfuerzo pude recordar lentamente, nunca a grandes rasgos pero si con todo tipo de detalles algunos pasajes fundamentales. Este libro coincide con la crisis económico-social y consolida argumentos encadenados que traducen a una España profunda, con lados ocultos que muy pocos o nadie conocen. Lo que antes era licito y normal, hoy constituyen claros delitos tipificados en el código penal. El resumen de todo ello es la pena moral y el desgaste personal, la conducción inconsciente hacia errores que no se habrían cometido de no haber pasado por allí. Decía Chukri que somos dueños de nuestro propio destino, pero el destino no lo marcamos nosotros. Dependemos de nuestros orígenes.

La libertad comienza cuando existe la posibilidad de elegir. Uno puede maldecir su cuna y avergonzarse de si mismo por no haber sabido rebelarse a tiempo o rebelarse mal debido a los arrebatos de la juventud. No hay exceso sin defecto.

La búsqueda de los errores resulta en ocasiones estéril. He aprendido que solo hay que centrarse en uno : El ?gran error?,cuya existencia no nos corresponde, puesto que nunca partió de responsabilidades individuales, sino de la gran masa social dirigida por los distintos gobiernos de un país que se permitió encerrar a miles de mujeres adolescentes en reformatorios encubiertos por ordenes religiosas que actuaban bajo el régimen franquista en distintos conventos por toda la geografía española. De todo ello no se ha dicho casi nada y se ha escrito menos todavía, por tanto, decidí escribirlo yo en primera persona aportando mi testimonio, por doloroso que fuera, mas de treinta y seis años después, cuando el país entero se halla inmerso en una gran confusión, un miedo aterrador a perderlo todo y una incertidumbre que se avecina insoportable. Ese estado es comparable. Lamentablemente comparable. Solo el ejercicio de la libertad nos hace distintos y desde el me dispuse a sembrar memoria, sabiendo de antemano que me obligaría a recordar, revivir, sufrir dos veces y probablemente en balde. No se trata de una historia individual. Pertenece a la historia no oficial de todo un país, a su lado negro, repugnante, castrador y delictivo. No he sentido rencor porque ya no me queda. Los sentimientos feos se amontonaron como serpientes durante los más hermosos años de mi existencia. Me habría tragado un piano y deslizado por las cloacas en busca de una libertad ausente, prohibida, pecaminosa y castrante. Conocía el precio de la palabra NO, y sabia, también, el valor de su continuidad. Caro peaje. Hace pocos días pude comprobar como varias personas teclearon en google lo siguiente : ?Biografía de Consuelo García del Cid?. Me sorprendió lo suficiente como para saber que su curiosidad la imagina interesante, y ese interés no parte de lo cómodo, formal o correcto. Tampoco necesariamente del buen hacer, sino del hacer propiamente dicho. Porque lo nuestro no es solo pasar cuando hay que ?pasarse? afrontando los riesgos. Se que no ha sido estéril la batalla. El final de un dolor se traduce cuando nadie nos ve y nos sentimos todavía únicos y nuestros. Cuando sabemos pronunciar los nombres de nuestros amigos sin titubear. Cuando, en definitiva, nos reconocemos libres.

Como todo el mundo, me vi obligada a encontrar un nick para mi correo electrónico.

Tras analizar distintas posibilidades, recordé mi otro nombre, Txaite. Nadie lo tenía. Estaba libre. Claro, me dije, si es mío. No aparece en mi carnet de identidad ni en la partida de bautismo, pero Txaite es mi segundo nombre y fue el primero durante dos largos años, exactamente de los quince a los diecisiete. Desapareció hasta hace muy poco, justo al empezar el libro que ha terminado con puntos suspensivos .Decían que significa ?flor de te?. Y me llamaron así porque era débil, quebradiza, de porcelana. Podía romperme en cualquier momento, pero aquí estoy.

?Antes de empezar, tienes que ver ?Las hermanas de la Magdalena?. Era lo mismo que aquí, pero en Irlanda. Tres ex internas lo contaron todo y gracias a ellas se pudo hacer la pelicula. Se llaman Mary Norris, Josephine Mc Carthy y Mary-Jo Donagh. En este video puedes ver el verdadero convento, que estuvo funcionando hasta finales de los años noventa, lo mismo que en España:

Si estas segura de que quieres escribirlo, no dejes de verla. Pero procura estar preparada, porque te va a doler??.

 

?Gracias, tenias toda la razón. La he visto. Si, era exactamente lo mismo, y tiene que saberse. Creo que puedo hacerlo??.

 

 

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