Un nuevo amanecer

Hace unos días, caminando por el bosque, encontré un viejo cuaderno oculto en el tronco de un árbol. Es un cuaderno cosido a mano, delicadamente construido y de bellos colores. Tiene varias páginas arrancadas y una parte del texto es ilegible, pero la parte central está intacta y escrita con una caligrafía muy cuidada. Dice así:

Opinión | 04 de septiembre de 2009
Joaquin Tamames

?Aspiro a un nuevo amanecer para la humanidad que mis fuentes, normalmente infalibles, me anuncian ya. Está a la vuelta de la esquina, quizás 500 ó 600 años, que no es mucho tiempo en la historia de nuestra planeta. Es un amanecer pleno en el que el hombre redescubre su identidad y comienza, de verdad, a andar erguido.

Es un amanecer en el que todavía existe lo mundano, lo material, pues nos manifestamos en forma de materia, esta es la esencia de nuestra evolución. Pero lo sublime acompaña a lo mundano. No es como ahora, en que lo sublime es como un destello fugaz que vislumbramos muy de vez en cuando, como si fuese algo irreal, o que vislumbran solo unos pocos. Lo mundano y lo trascendente ya van unidos, porque lo mundano también está espiritualizado, sacralizado. El espíritu se manifiesta, finalmente, a través de nuestra materia. No es uno u otro: van juntos, de la mano.

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En ese amanecer se ha recuperado el sentido original de ciertas palabras. El amor ya no es ese concepto falso y pegajoso que aparecía por doquier en anuncios, declaraciones, medios. Es un sentimiento interior, que lo abarca todo, desde el crepúsculo del día al de la noche (como bellamente decía Borges), y que alcanza a la vida entera, no sólo a la humana. Es una vivencia vasta, inmensa, que nos recorre por dentro y que nos electrifica, que da pleno sentido a nuestra existencia. Lo extendemos a todos los seres que sienten, y esto incluye también a los animales, a los vegetales y a los minerales. Estos tres reinos inferiores estuvieron durante miles de años a la espera de que los humanos recuperaran la dignidad para continuar con su evolución, y ahora están pletóricos, dotando a la tierra de la mayor belleza.

En ese amanecer nos hemos olvidado de la acumulación. Disfrutamos de los bienes con la responsabilidad del administrador fiel, que ha de informar al final de cada año de su buen uso y su correcto mantenimiento y que un día deja de ser administrador para que lo sea otro. Hay multitud de bienes colectivos hermosamente construidos y mantenidos, y hay para todos. Todos podemos cubrir nuestras necesidades materiales, ?como los lirios del campo?. Todos nos sentimos dueños de los parques, de las avenidas, de los paseos, de las arboledas, de las playas luminosas y bravías? y los cuidamos como si fueran nuestra casa, nuestro jardín: amorosamente.

En este amanecer hablamos menos. Nos entendemos por telepatía casi sin hablarnos. Utilizamos la mirada para observar al otro: es una mirada reparadora, sanadora, que da confianza, da fuerza. Los humanos, en este amanecer, han aprendido a estar en silencio, y han descubierto que en silencio se puede entrar en comunión. Estamos en comunión los unos con los otros y con la naturaleza. Nos miramos a los ojos, sin pedirnos nada a cambio, sonriendo con los ojos. Es la mirada del alma, que cuentan los hindúes. Cuando se está en comunión, sobran las palabras, y se descubre algo maravilloso: el gozo. Ya no hablamos de felicidad, hablamos de gozo.

En este amanecer las necesidades de papel se han reducido al máximo y con ello ha desaparecido la deforestación. En la mayoría de los tejados de las casas y edificios hay bosques ahora, con árboles de todo tipo, y jardines, y parques, incluso pequeñas cascadas. En los tejados hay también huertas, complementarias a las de los jardines de las casas . Todo el mundo cultiva algo, y como consecuencia aprende a valorar los ciclos, el tiempo necesario para la madurez, el disfrute de comer lo cultivado.También hay generadores de energía en cada edificio, de una gran potencia: energía natural, no contaminante. Se descubrió hacia 2050, y desde entonces todo empezó a cambiar, aceleradamente. Cesaron las guerras por la energía. Por cada calle discurren en paralelo pequeños regatos que van descendiendo en escalones, creando un murmullo permanente y un frescor que nunca se apaga. La vida en la ciudad es grata, pues está rodeada de naturaleza y tiene muchos espacios de silencio. Las personas caminan mucho y se mueven también en bicicletas con pequeños motores silenciosos y no contaminantes que se alimentan de aire.

En el nuevo amanecer los animales son nuestros alumnos, y nuestro es el deber sagrado de ayudarles en su evolución. Ya no los matamos ni por placer ni por necesidad, y como consecuencia han desaparecido muchas ?tradiciones culturales? y muchas industrias. Nos alimentamos de pan integral, de nueces, de pasas, de frutos secos, de verduras, tofu, legumbres, frutas? Nuestra alimentación nos permite estar sanos la mayoría del tiempo, y también vitales. Se han acabado las enfermedades y vivimos en este cuerpo 150 años. Es una alimentación que nos vivifica y nos mantiene con el peso adecuado, con lo que nuestra capacidad física y nuestra fuerza es mucho mayor. Y cuando algo se desequilibra, la medicina, que ya ha elaborado métodos para ver nuestro doble etérico, es siempre capaz de ir a la causa y no al efecto, curando en origen.

En el nuevo amanecer no hay basura física ni mental. Ya no hay programas de radio o de televisión en los que unos humanos se machacaban a otros. Ya no hay revistas, que hablaban de la vida de los demás y que generaban bajas pasiones, que podían verse a la distancia, ennegreciéndolo todo. Los medios de comunicación son concisos y breves pues a buen entendedor sobran las palabras. Y los humanos son ya buenos entendedores: no hay espacio para la mentira. El alcohol, el tabaco, la droga, el exceso de medicinas, esas curiosas formas de autoveneno de las que el hombre abusó durante tanto tiempo, han desparecido: son uno de los factores clave en la mejorada salud del planeta.

En el nuevo amanecer han desaparecido los policías y los ejércitos, porque el ser humano ha contactado con su alma, y cuando este contacto se da cada uno sabe ya cómo gobernarse a si mismo y a caminar, como antes decía, erguido, como si fuese una deidad.

El ser humano es correoso, soberbio, y cuando su ego se impone es destructor. El ego siempre pide más, es de un apetito voraz, insaciable. El siglo XXI marcó un cambio notable, fue como un despertar de la consciencia. El mundo redescubrió al Cristo, al Buda, o dicho de otra forma, las consciencias crística y búdica habitaron en más y más hombres. Muchas personas de buena voluntad empezaron a rebelarse en el siglo XXI. Su influencia parecía mínima, a menudo estuvieron descorazonados, pero poco a poco se fueron uniendo más y más personas, hasta que el río fue imparable?y arrastró miles de formas caducas y limpió la tierra de falsedad.

Finalmente los humanos han comprendido??

El texto acaba aquí, abruptamente, en esos puntos suspensivos. Me ha dejado pensativo . No se quién es su autor ni cuándo ha sido escrito. Tampoco se cuáles son esas fuentes infalibles a las que se refiere. Lo he comentado con algunas personas. ?Tonterías ?me ha dicho un amigo?, este mundo es como es y seguirá siendo siempre así, si tu quieres creer lo contrario allá tu con tus bobas ilusiones?. Pero otro amigo que acaba de llegar de tres semanas de meditación y silencio en un lugar muy especial me ha dicho: ?haz tuyo ese mundo, trabájalo en tu interior, y será una realidad para ti. Y confía?. Y me ha regalado este párrafo de Bhagavad Gita:

?Se intrépido y puro; nunca vaciles en tu determinación hacia la vida espiritual. Da libremente. Domínate a ti mismo, se sincero, verdadero, amoroso y lleno del deseo de servir. Cumple la verdad de las escrituras; aprende a ser desapegado y a ser feliz en la renuncia. No caigas en la irritación ni hagas daño a ninguna criatura viviente, se compasivo y amable; muestra buena voluntad a todos. Cultiva vigor, paciencia, voluntad, pureza, evita la malicia y el orgullo. Entonces, Arjuna, alcanzarás tu destino divino?.

Poco a poco, según han pasado los días, el escrito, que no se si es una visión, va obrando en mi y me siento liviano, con una energía nueva, especial. Por eso lo comparto ahora con vosotros. He dejado el cuaderno en el mismo hueco del mismo tronco en que lo encontré, por si pasan otros caminantes. Ojalá lo encuentren otros caminantes y como yo, como nosotros, creamos en este nuevo amanecer para el que podemos ya trabajar.

Joaquín Tamames

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