Violaciones sexuales y otros delitos cometidos por menores

Violaciones sexuales y otros delitos cometidos por menores

En poco tiempo estamos teniendo conocimiento de varios casos de violación de niñas, inclusive con alguna discapacidad y también se están incrementando los hechos delictivos llevados a cabo por menores, eximidos totalmente de responsabilidad criminal si no han cumplido 18 años. Por lo tanto, les será aplicable lo que se establece en la Ley del Menor.

Opinión | 01 de agosto de 2009
Gloria Mateo

Si no han llegado a la edad de 14 años o tienen alguna discapacidad psíquica, por supuesto, son inimputables, pero no quiere decir que estén exentos de responsabilidad.

Respecto a los delitos sexuales, se ha hablado en infinidad de ocasiones de los diferentes tipos de violadores sexuales: psicópatas, delincuentes, en serie, etc. Se ha cuestionado también si son víctimas de una enfermedad mental y si tienen rehabilitación o no. Sinceramente, yo, desde el punto de vista psicológico, respecto a esto último, tengo mis dudas.

Los expertos profesionales, a través de los medios de comunicación, nos siguen dando pinceladas de las características comunes que presentan los perfiles de los violadores. Pero la mayoría de las veces, las noticias se refieren a adultos.

Sin embargo, ahora no. Ahora los que se dedican a forzar sexualmente son, según pone de manifiesto su edad cronológica, menores.

No, no son violaciones individuales, sino en grupo y hacia una sola víctima indefensa, sabedores precisamente de su vulnerabilidad. Por eso se atreven. El grupo da la fuerza, empuja, envalentona. Seguramente, en el mismo habrá uno considerado como líder del que posiblemente haya surgido la idea. Claro, los demás, al no querer desentonar, gallitos, hechizados por la bravuconería de su jefe, seguirán sus intenciones, por aquello de que no los llamen cobardes. O tal vez no haya sido la idea de uno solo, sino de varios. Da lo mismo. Eso sí: siempre juntos. ¡Todos a una! En el peor sentido de la frase. ¡Qué grandes son cuando están juntos!

Así pues, a modo de diversión, quizá con las hormonas también revolucionadas por el curso de su crecimiento biológico, o por diversión, se permiten añadir a la pobre historia de su corta vida un acto que quedará grabado en la mente de las víctimas para el resto de sus días.

En lo relativo a otro tipo la delincuencia protagonizada por menores, es un hecho y está ahí. Hoy por hoy, mientras un delito de robo no supere los 400 euros, no entran en prisión. Así pues, van a comisaría, les toman declaración y salen tan campantes preparando la estrategia de su nueva fechoría para el día siguiente. Y no hablemos de otros delitos con características más graves que también los hay. Y por qué no aludir a esos vídeos, grabados por algunos con sus móviles y colgados en internet, de palizas y denigraciones, tanto de chicas como de chicos, en las que se busca la presencia de cuantos más efectos especiales mejor. Es ese momento, están sintiéndose los protagonistas de una película. No les ha hecho falta que le escriban el guión.

¿Qué es lo que está ocurriendo para que la edad del delincuente sea cada vez más baja? ¿Por qué hay tanta agresividad y violencia entre los jóvenes e, incluso niños? Seguro que cada uno de nosotros tendrá sus respuestas.

¿Saben realmente estos menores que su comportamiento quedará impune por su edad o que simplemente entrarán a un centro de menores durante una temporada, pero que no tendrá más consecuencias (quizá lo piensen así), que embarcarse en una nueva aventura, aunque sea lejos de su familia, sin que caiga sobre ellos ningún antecedente penal?

Creo que sí, que lo saben. Tienen conciencia de ello. Y lo más grave es que, se ha demostrado empíricamente que las imágenes que se contemplan en la pequeña pantalla o en otros medios de comunicación, sirven como modelos y este tipo de comportamientos observados tiende a repetirse.

Necesitan unos correctivos que lleguen a tiempo y una re-educación. Urge una reforma de la Ley del Menor. La reacción de la sociedad frente al delito, en un estado democrático, está en la aplicación de la Ley.

Y no, señores políticos, no lo vayan dejando para mañana. Las víctimas no lo han dejado para mañana. Lo han sufrido ya en sus propias carnes y algunas ya no lo van a poder contar. Por lo tanto, es necesaria esta modificación.

Creo que aún pueden ser recuperables y reconducidos a la reinserción en la sociedad como personas normalizadas. Ésa es la tarea de los Centros de Reforma de Menores.

Pero independientemente de que así lo considere, que es una opinión más entre muchas, algo está fallando en la sociedad. En algo no estamos dando la talla. No quiero ser reiterativa. Sin embargo, la educación de nuestros hijos no podemos delegarla a los colegios. La primera, la principal, ésa que inculca valores, que contiene comportamientos, que enseña el respeto y la ética hacia los demás, ésa, no nos engañemos, está en el seno de cada familia. Es ahí, en los primeros años de la vida es la que va a esculpir la personalidad del futuro adulto. Va a ser su primer libro escolar. En el que van a aprender a enfrentarse con o sin frustraciones a futuros acontecimientos, a ponerse o no en el lugar de la otra persona; a saber reconocer o ignorar las emociones en los demás, a dar o no afecto, a saber recibirlo o a rechazarlo; a saber solucionar problemas o a rebelarse con la violencia ante cualquier pequeña contrariedad; a tener control de los impulsos o a descontrolarse; a tener creencias erróneas respecto a los roles de ambos sexos o a seguir anclados en los tópicos que nos han llegado hasta ahora; el enseñarles a comunicarse con el de al lado o a no saber escuchar y guardar su turno de réplica avasallando (¿Acaso sabemos nosotros hacerlo?); a que sepan decir no en un determinado momento o asientan a todo y se dejen llevar por opiniones ajenas?

¿Tiene ese primer libro que le entregamos a nuestros hijos un contenido del que nos podremos sentir orgullosos? ¿Les damos una base adecuada que los catapulte a una vida normalizada? ¿Lo hemos escrito inmersos en una vorágine en la que impera por encima de todo lo material? ¿Los hemos redactado respetado, entendiendo por respeto el considerarlos personas únicas y que necesitan por encima de todo afecto, pero no afecto mal entendido? ¿O nos hemos dado la media vuelta y sacamos el pecho diciendo que estamos satisfechos y que hemos sido unos padres ejemplares?

Nadie nace sabiendo ser padre o madre. Eso es así. pero el camino se hace incorporando el sentido común.

La prisa nos acucia, nos quita sosiego. El tener más que el otro, aunque sea a base de llenarnos de deudas hasta las cejas, el ver si podemos irnos de vacaciones a un lugar más chic que el vecino, porque luego tenemos que alardear y contar nuestras maravillas que tienen que superar a las que oigamos; en que nuestros hijos lleven ropas de marca, porque así no los marcarán los demás como desfavorecidos. El hablarles mal de su padre o su madre si estamos divorciados. El chantajearlos emocionalmente para que se pongan de nuestra parte?

No obstante, no nos confundamos y pensemos que todos estos delincuentes pertenecen a una clase social determinada. No hay que encasillarlos. Existe un abanico de estratos sociales que está involucrado.

Los hechos objetivos cantan: hay unas víctimas. Algunas mortales, otras, no, pero víctimas. Ésos y nada más que esos son los hechos. Partiendo de ahí, habrá que analizar. Es nuestra obligación como pertenecientes a una sociedad de la que somos co-partícipes y por ello, co-protagonistas.

Los padres, enseguida solemos decir que nuestros hijos son inocentes. Que jamás harían una cosa así. El admitir que uno de ellos pueda haber cometido un acto denigrante se sale fuera de nuestra aceptación:¡No puede ser! ¡Nuestros hijos nunca serían capaces! ¡Qué nos van a decir a nosotros que presumimos de conocerlos muy bien?!

Y no me quiero meter con la condición sexual no al uso de lo aceptado y que es rechazada de lleno por los progenitores. No ven a la persona que tienen delante, a sus emociones. Para ellos eso está fuera de lugar. Sus hijos no, no?Y vienen los rechazos, los insultos?

La educación en valores se ha quedado en el olvido, como la canción. El uso de Internet por los niños, a veces es completamente desconocido para los padres. El móvil, completito, eso sí. Lo llevan hasta cuando se ponen a comer. Y aún encima, como seres adultos orgullos, sólo se nos ocurre decir: ¡Vaya lo que saben! ¡Tengo un hijo que es un fenómeno, maneja internet mucho mejor que yo! ¡Estos chavales son un portento con las nuevas tecnologías! Y sonreímos idiotamente.

Éstos y otros son los comentarios que no reflejan nada más que la más absoluta ignorancia de nuestra condición de padres responsables. Nos ponemos una venda en los ojos. Es más cómodo.

El colegio es un complemento de la educación fundamental dentro de la propia familia. Es también en el ámbito escolar, en el que se está viendo que los alumnos han perdido totalmente el respeto a los profesores, llegando alguno de ellos a estar verdaderamente aterrorizado, inclusive cogiendo baja por depresión.

Pienso que hay un conjunto de variables implicadas en estos comportamientos. A mi juicio los adultos nos hemos dejado muchos deberes por cumplir por el camino.

No quiero cargar sólo la responsabilidad en los padres. Que no se me interprete mal. Simplemente he dicho que en la familia está la base fundamental, el cimiento de vidas adultas.

Estamos involucrados toda la sociedad. Lo que está ocurriendo no es nada más que nuestro espejo en el que nos vemos reflejados.

Ahora bien, hay que decir en honor a la verdad que lo único que trasciende es lo negativo. Y hay mucha gente infantil y joven que es realmente ejemplo para muchos de nosotros, los adultos.

Me gustaría, que de vez en cuando, los medios de comunicación se hicieran eco de acciones extraordinarias de solidaridad y generosidad, llevadas a cabo por muchos chavales anónimos que pasan desapercibidos. Eso sería un refuerzo positivo. Un modelado desde imágenes. Si cada día en los medios de comunicación se hablara de ellos, otro pelo quizá nos cantaría.

Ya se sabe?algunos garbanzos negros echan a perder todo el cocido. Lo importante es que la siembra de los garbanzos sea lo más sana posible. Así disminuiremos acontecimientos, cuando menos, deleznables.

¡Apostemos por una juventud sana!


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