Llovido del cielo

Llovido del cielo

Y no me refiero al fenómeno meteorológico. La naturaleza es caprichosa. No diría que caprichosa, sino que tiene sus propias leyes. Es un juez que dicta sentencia. El problema se presenta cuando ese juez está condicionado por la intervención de los humanitas. Ésta puede ser demoledora. Pero nos excusamos diciendo que todo es natural. Hasta el veneno, claro, y mata.

Opinión | 04 de julio de 2009
Gloria Mateo

Como llovido del cielo, Vicente Ferrer llegó a la India. Desde entonces, a pesar de muchos avatares, la miseria de sus pobres se vio mecida, acompasada, por un hombre menudo, pero que se metió por oquedades como las lagartijas para hacer más ligeras algunas losas de pobreza que los estaban asfixiando. No le importó pedir (¡Qué difícil es!). No pedía para él (quizá y tal vez sólo quizá, eso sea menos lacerante). No le importó despojarse de una vida más o menos cómoda. Pero lo mejor es que no le importó trabajar incansablemente. No sé si ha sabido realizar bien o no las tareas de Marketing. Sé que ha tocado a la puerta de conciencias y muchas le han respondido.

¿Se metió donde no lo llamaban? Hay llamadas que no son audibles, salvo para los que tienen especial sensibilidad.

Algunos lo podrán tachar de loco. Otros le pondrán en sambenito de idealista. No importa: ahí están sus hechos objetivos: ha devuelto la sonrisa a mucha gente, ha paliado su hambre con al menos un poco de comida y, lo más importante, les ha enseñado a sentirse vivos consiguiendo que pudieran dar sus primeros pasos para salir de la pobreza. Les ha enseñado a "gatear", pero ahora ya hay muchos que han comenzado a andar gracias al "taca-taca"que él les regaló.

Eligió la India, como podía haber elegido cualquier lugar de Latinoamérica, África o de uno de nuestros barrios. Porque la miseria de todo tipo también pulula por aquí. Sólo hay que saber observar.

Recuerdo que mi abuela materna me inculcó que había que luchar por desterrar la injusticia del mundo. Yo me la quedaba mirando. Pensaba que vivía víctima de sus propios deseos y que, por ello, siempre andaría soliviantada por todo lo que acaecía a su alrededor.

-Yaya, siempre habrá injusticias, le respondía yo. Porque era, en mi corta experiencia de entonces, lo que veía. Después, también lo he seguido contemplando.

No siempre podemos solucionar todo. Cuando he llevado en terapia a algunas personas, les he dicho que se imaginen que van a caballo (acaba su Yo), y que, por lo tanto, el tirar de las bridas fuertemente no va a conseguir que el caballo les obedezca. Muy al contrario, puede ser que se encabrite y los tire. Por supuesto, si no hacen nada, el caballo quedará hierático. La pasividad no nos llevará nada más que a dejarnos que la vida nos zarandee. Pero hay que llevar las riendas serenamente, sin ningún atisbo de agresividad y prepotencia y entonces nuestro caballo acompañará pausadamente nuestra energía y podremos deleitarnos del paisaje.

Con esto quiero decir que hay hechos que no podremos controlar totalmente. No somos dioses. Bien decía Ortega y Gasset ?Yo soy yo y mis circunstancias?. Y el que haya pobres en el mundo, el que existan los terceros mundos está claro que no está totalmente a nuestro alcance el evitarlo. Mientras haya ricos, habrá pobres. Mientras haya personas miserables, habrá también miseria espiritual. Esto ha sido así a lo largo de los tiempos. Pero si no hacemos individualmente algo, aunque sea un poquito, las diferencias se extremarán todavía más.

Vicente Ferrer se quitó los hábitos muchas veces asfixiantes y opresores de la religión y se lanzó al vacío, cogiendo otros hábitos que han sido mucho más beneficiosos que los que, quizá, sintió que le constreñían. Eligió sus propias bridas y supo llevarlas adecuadamente: ahí está su obra. Y estoy totalmente convencida que también su continuación. Como dice su esposa, él no se rendirá ni aún después de haberse ido. ¡Menudo era!

Su aspecto frágil pero enérgico, su mirada picaruela y transparente llenaron pequeños oasis de un poquito de verdor. Ha sido, como he dicho antes, una lagartija que ha removido muchas piedras.

Hizo sentir vida en aquellos que quizá no sabían que la tenían. Pero hay algo muy importante de lo que no se olvidó: nunca les robó los besos y abrazos a los niños. Ésos que habían sido sustraídos miserablemente por las propias miserias materiales. Él los prodigó. Y los afectos recibidos en la primera infancia son de vital importancia para que luego sepan darlos de mayores. Si unos padres tienen miseria o son miserables, es difícil que siembre un campo fértil de emociones adecuadas en vidas futuras. En la infancia tiene lugar el troquelado de la personalidad que se manifestará de adulto.

Seguro, muy seguro, que muchos de aquellos niños, cuando crezcan, no sólo sabrán abrazar y besar afectivamente, promoviendo las emociones positivas a los demás, sino que su gestos se extenderán para que no haya tanta gente que no tenga un plato de comida que llevarse a la boca.

A la India le llovieron del cielo unos ojos transparentes a los que se les veía el alma.

Afortunadamente hay más ojos transparentes , con mirada infinita, que también llueven del cielo clara,serenamente y dan consuelo, tanto en el tercer mundo, como aquí, en nuestra misma puerta.

Simplemente, gracias a todos ellos. A mí me queda mucho camino por recorrer para alcanzarlos. No les llego ni a la suela de sus zapatos.

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