Funcionarios.-

Siempre me asustó la representación del funcionario, desde el ujier al juez, desde el conserje al magistrado.Aquellos que evocan la norma, el artículo específico, la ley general. Aquellos que se encogen de hombros, que se eximen de la interpretación, que se limitan a aplicar la literalidad. Aquellos que les da igual la circunstancia, que deliberadamente ignoran la repercusión, que se sienten el fiel de la balanza, sin otro haber que el de aplicar fríamente un contenido.

Opinión | 29 de junio de 2009
Delach.-

Aquellos que se creen por encima del bien y del mal, pequeños y, frecuentemente, frustrados dioses, que intentan encontrar en su trabajo aquello que les niega la vida. Aquellos que con asiduidad tienen que convencerse de que hacen lo correcto, en un ejercicio tan banal como inúti. Aquellos que prefieren no pensar, sino transcribir. Aquellos, en fin....que proyectan sobre los demás sus escasas expectativas vitales, pasando de servidores públicos a inquisidores en cuanto las circunstancias les dan pié.

Les contaré algunos casos que ilustran el porqué de mi temor:

Ocurrió hace unos años. Un accidente de tráfico de consecuencias muy leves. El Abogado que defendía a uno de los implicados le dijo textualmente: Lo malo no es el hecho en sí, lo malo es el titular de Juzgado nº X que ha de fallar el caso.(Lo curioso es que lo mismo dijo el Abogado de la parte contraria).

Otro: El atribulado Aparejador que presenta el proyecto de un establecimiento en Urbanismo y se lo devuelven una y otra vez por el color de la fachada. Al final y ante los gastos que la demora conlleva, lo envía dejando el apartado en blanco y rogando a quien ha de autorizarlo que lo rellene con el color que ella considere. (Aunque parezca mentira es tan cierto como la vida misma).

Uno más: En Hacienda una señora mayor, intenta hacer ver a una funcionaria que para atender a su marido, recientemente fallecido, había tenido que pagar una cierta cantidad a una persona que lo cuidó unas horas al día (Ella no podía atenderlo las veinticuatro). Y que lo había deducido como gasto, aunque no tenía los justificantes (Que mayor justificante que la muerte de su marido). Me temo que no fue suficiente.

¿Porqué escribo esto? Porque leo con asombro que un porcentaje abrumador de nuestra juventud aspira al funcionariado. O sea, que por la seguridad económica se está dispuesto a renunciar a pensar, a utilizar la conciencia, al sentido amplio de la justicia, a la solidaridad. Y renunciar a tantas cosas a los veinte o veinticinco años me parece demasiado.

Sería no solo injusto sino tendencioso, si silenciara que hay funcionarios eficaces, que trabajan duro, poniendo esfuerzo e intelecto al servicio de los demás. Que cumplen con su cometido con tesón y empatía. Pero, desgraciadamente, hay muchos más de los que "no se complican la vida", aunque con ello compliquen la de los demás.

Delach.-

 

 

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