Príncipe Azul

No sé si te acordarás de dónde estabas tal día como hoy, a estas mismas horas más o menos, hace 30 años. Yo lo recuerdo perfectamente, te recuerdo perfectamente. Un beso.

Opinión | 24 de junio de 2009
Consuelo Garcia del Cid Guerra

He recibido este correo por la mañana. Sin necesidad de hacer memoria siquiera ?hecho que no deja de sorprenderme- puedo incluso visionarlo con los ojos abiertos.

Estaba en la clínica Sagrada Familia de Barcelona, donde te acababan de ingresar para someterte a una delicadísima operación. Fue la primera vez que nos vimos físicamente. Durante mucho tiempo estuvimos carteándonos y lo que no consigo recordar es quien nos presento, como llegue yo hasta ti o tu hasta mi, no lo se. Se me pierden los nombres y todos aquellos sueños literarios que entonces existían con forma de fanzines, prensa marginal y editoriales alternativas. Tú eras un muchacho azul con pijama azul y ojos azules. Rubio, limpio y tranquilo. Yo llevaba un vestido de flores y rayas rojas, lo se porque fue el primero que hice yo misma. Morena, inquieta y nerviosa.

El aire acondicionado de tu habitación no funcionaba y trajeron un gran ventilador. Tu hermana me ofreció chocolatinas y bombones. Yo había leído diez veces tu primer libro : ?Variaciones?, y creo que tu el mío de relatos ?Por lo que hemos sido?. Tenías una letra preciosa y acostumbrabas a escribir a pluma y con tinta azul. Un trazo perfectamente semi inclinado cercano a la redondilla.

Me dijeron que la operación había ido bien dentro de la gravedad. Pero desde entonces, el resto de tu vida se lleno de gravedades físicas. Poco tiempo después tenías medio cuerpo paralizado. Mucho más tarde, completamente. Hoy escribes con un programa de reconocimiento de voz y eres el mismo ángel que yo conocí aquella mañana de hace treinta años. Jamás has dejado de escribir y eres un maestro. Tu último libro es de premio, y no me cansare de repetirlo. Puede que no haya sabido decirte nunca del todo cuanto te quiero, y no hay mal que por bien no venga. Ahora quiero decírtelo, puesto que la intensidad del recuerdo permanece en mi memoria con una transparencia cristalina. Eres para siempre y siempre te he querido, te quiero y te querré.

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