9 de junio

Mucho mas allá de la ausencia. Hoy, 9 de Junio de 2009, hace catorce años que mi socio, Miguel, falleció antes de poder saborear las mieles de la madurez. Se fue con 33 años, joven y guapo.

Opinión | 09 de junio de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra

Ni siquiera la devastadora enfermedad que padeció pudo arrancarle un solo gesto de fealdad. El me dijo : ?Algún día, puede que alguien hable de mi en un bar., y poco mas..? .

-No, le respondí. Tu estarás siempre, todos los días de mi vida, y conseguiré que tu nombre sea aplaudido por cientos de personas, porque escribiré nuestra historia?.

Cuando internet estaba todavía en pañales, el jamás podría imaginar que su recuerdo y presencia se encontrarían hoy en un periódico digital. Su existencia ha marcado mi vida. Me transmitió su pasión por la vida, su alegría visceral y su capacidad infinita de amar. Y la Opera. Porque el era Opera.

He rastreado en las hemerotecas hasta dar con dos cartas suyas que escribió a ?La Vanguardia?. Pertenecen a 1985 y 1988:

 

LA VANGUARDIA

Edicion del domingo, 25 de Diciembre de 1988, pagina 6


?Rigoletto? y su época

He leído en -La Vanguardia» la

noticia del nuevo montaje del

?Rigoletto? verdiano en el Covent

Garden de Londres a cargo de

Nuria Espert.

No discuto en ningún momen

to la validez de esta nueva produc

ción, si bien las transposicions de

época en obras líricas me parecen

siempre irrespetuosa shacia sus

autores; lo que me gustaría preci

sar es que Nuria Esper testá total

mente equivocada al afirmar que

Verdi siempre quiso situar la

acción de ?Rigoletto? en el si

gb XIX y que la censura prohibió

tal deseo.

Lo que la censura austríaca de

Venecia prohibió al genial com?

positor fue el adaptar literalmente

?Le Roi s?amue?, de Hugo, en la

que el libertino de turno era Fran

cisco 1 de Francia, y por ello se

sustituyó al monarca por un inde

finido duque de Mantua, que hesiado.

ría menos las sensibilidades del

imperio austriaco.

Pero que Verdi gustó siempre

de argument orenacentis t(atuvie

ea lugar en Francia o en Mantua),

y que Rigoletto fue su personaje

más querido (mi ?jorobadita ?le

llamaba) es bien conocido.

. No puede falseara psues la bistoria

deesta manera, y menos atri

buir nuestros gustos o deseos parsonales

a los valores que se ponen

en escena con el solo fín dejustifi

car nuestras genialidades.

Por otro lado, ¿no resulta totalmente

ridículo situar la acción de

una historia en la que el personaje

central es un bufón, en pleno siglo

xix, cuando estos seres hacía

muchoque habían dejado de exis

tir? En çualquier caso el anacro

nismo es evidente. ?

MIGUEL PUEYO PONT


Edición del martes, 01 enero 1985, página 6

La Vanguardia


?La Gioconda?

y la crítica

Señor Director:

Leo en su periódíco, como es

toy seguro que leeré en muchos

otros, la crítica de la reposición

de ?La Gioconda? en el Liceo.

Como la mayoría de veces,

cuando se trata de óperas de me

diados del XIX yen especial ita

lianas, la crítica es benévola y

hasta satisfactoria para con los

cantantes, pero tremendamente

injusta con los compositores.

¿Qué tendrá ?La Gioconda?

para ser velada o abiertamente

despreciada por la crítica barce

lonesa de la actualidad, que no

parece apreciar ninguna obra ni

ningún compositor que no sea

posterior a Wagner o bien mo

zartiana?

Decía santa Teresa que Dios

anda también entre los puche

ros. Creo yo, como la mayoría

del público liceísta, que el ver

dadero arte anda también entre

obras como La Gioconda? o

?Fausto?, tan denostadas por

nuestra sesuda crítica que sólo

se complace en lo mal llamado

difícil?.

Al fin y al cabo, el Enzo de

?La Gioconda? expresa senti

mientos más humanos y más au

ténticos que todos los héroes de

Wagnerjuntos, y que conste que

soy un gran admirador del

maestro alemán, pero creo que

ya va siendo hora de que en esta

ciudad nos despojemos de tanto

snobismo musical.

MIGUEL PUEYO PONT

 

 


 

Fotografia original de Pere Mª Manubens Bertran.
Fotografia original de Pere Mª Manubens Bertran.

Ésta es una foto de la entrada del Teatro del Liceo, cuando se quemó y estaban los bomberos en plena vorágine. Es más que hermosa, y tiene historia.

La foto fue tomada con una Leica M6, con un summicron de 35mm, y poéticamente, por puro azar (de esos que tan a menudo nos ocurren a los verdaderos fotógrafos), coincidió con la ultima foto del reportaje del Liceo, con el ultimo fotograma del rollo, lo que es claramente apreciable ( y por ello la foto conserva el encuadre original con su marco negro) en el defecto ondulado inferior, que no es otra cosa que la cinta adhesiva que sujeta la película a la bovina del carrete.



Hace más de trece años, Pablo corrió hacia mi despacho...

-¡¡Alba, Alba!! ¡¡¡El Liceo está ardiendo!!! Llama a Pedro y dile que vaya corriendo a hacer las fotos de su vida?

Pedro corrió, y las hizo. Esta es la más preciosa.


Al morir Pablo, recogí todas sus cosas en un gran baúl. Entre ellas algunos cuadros de pequeños tamaños. Pedro me llamó pidiéndome uno de esos cuadros:

-Alba ¿recuerdas el cuadro que Pablo robó del Palco del Liceo?

Y de pronto, sobresaltada, lo recordé. Éramos ricos y teníamos un palco en el Liceo, el número 1. En él había un cuadrito con una foto de la Caballé en escena ¡cuando estaba delgada! representando Madame Butterfly... Pablo decía:

-Lo robaré cuando termine la temporada.

Yo le contestaba:

-Pero hombre, eso no se hace ni con un cuadro...

Y una noche se lo metió en el bolsillo del abrigo.


Nunca más volví a pensar en el cuadro, ni siquiera al guardarlo en el baúl, nunca mejor dicho, de los recuerdos...


Durante muchos años no toqué el baúl, me causaba un dolor infinito. Pero lo abrí, y encontré el cuadro.


Es una foto preciosa en sepia, firmada por la Caballé en los años 60. Le di la vuelta. Había un sello que decía
Proscenio del Teatro del Liceo. Palco número 1.
Entonces me di cuenta ¡el cuadro debería estar quemado, junto con todo lo que se llevó el incendio!; el cuadro es un tesoro ¡si no lo hubiera robado, no existiría!

Pablo murió un 9 de junio de 1995. Yo emprendí días después un viaje hacia el infierno, a Marruecos. Terminé en un hospital con 35 kilos de peso, ingresada por depresión. Pedro vino a verme.

?Tenía que traerte un regalo, algo muy especial, que te haga reír ó llorar?.

Deshizo un paquete plano, era la placa de una calle, la avenida John Lennon. Sabía de mi pasión por Lennon y robó la placa una noche con la ayuda de varios amigos.

Es el regalo más hermoso que me han hecho en la vida.
Cuando me dieron el alta, regresé a mi casa y le di a Pedro el cuadro de la Caballé. Estaba arruinado, y le animé a venderlo para solucionar sus problemas económicos.
Ayer me mandó este correo:

Asunto: 9 de Junio


"Me enseñó a entender que cuando un tenor extiende hacia delante una pierna en el escenario, es que está haciendo falsete".

Alba, :

Nunca vendí el cuadro. No podía, es demasiado valioso. Es de los dos, o, mejor dicho, de los tres. Dentro de pocos días hará doce años que murió.
Aquí tienes la mejor foto del incendio del Liceo, la que más le gustaba. Es mi pequeño homenaje.

Te quiero.

Pedro

 

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