Aquel 20 N

Aquel 20 de noviembre de 1975, mi padre abrió la puerta de mi habitación de madrugada y sólo dijo :"ya" y la volvió a cerrar, así me enteré de que Franco había muerto.

Opinión | 24 de febrero de 2009
Pilar Aguarón


Francisco Franco murió después de una interminable agonía, los españoles de todas las ideologías asistimos sorprendidos a la atroz lucha entre la vida y la muerte que sostuvo el longevo dictador durante 20 días. Fueron precisamente los franquistas y no los opositores, quienes le propiciaron una inhumana tortura y sólo con el fin de seguir controlando el poder unos días más y dejar todo "atado y bien atado" para tener controlado al futuro Rey. De poco les sirvió.

De aquellos días recuerdo la cara de preocupación de mi añorada madre por el miedo que siempre tuvo a lo desconocido y sobretodo recuerdo las larguísimas colas de españoles llorosos ante la capilla ardiente del Dictador.

Hemos de reconocer ahora, el mérito de los políticos herederos del franquismo y la inteligencia de los anti-franquistas -los que siempre estuvieron aquí partiéndose la cara desde la clandestinidad y los otros, los más cómodos, que jugaban a la "resistencia" desde el exilio-, todos juntos, unos con más entusiasmo y otros con menos dieron una lección al mundo y fueron capaces de tender la mano a la concordia, la libertad y la convivencia.

El pueblo español demostró entonces una gran cordura o una gran capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, porque habría que pensar que si los seres humanos fueran capaces de vivir 150 años, si todavía tendríamos a Francisco Franco habitando El Pardo, nadie en vida lo descabalgó del poder. Pero volvamos a la historia que nos dice que a pesar de las convulsiones, que las hubo, los españoles hicimos entonces una metamorfosis ejemplar que sirve de guía para otras transiciones democráticas allá donde las haya.

Pero han pasado más treinta años y transcurrida una generación observamos otra vez que como siempre en España el odio y el rencor pueden con la tolerancia. Treinta años después volvemos a las "dos españas", volvemos a arrojarnos a la cara los muertos los unos a los otros y el "café para todos" con que Suárez quiso "encauzar" los nacionalismos sólo ha servido para el caos y la insolidaridad.

Que de estos errores aprendan también las generaciones futuras.
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