La Academia

Podía haber sido un desastre pero resultó hermosísimo. En los tres últimos meses dos ex compañeras de colegio me contactaron a través de Internet. Hacía exactamente treinta años que no sabíamos nada las unas de las otras. La primera, compañera del colegio de monjas. Nos encontramos una tarde poco antes de Navidad.

Opinión | 18 de mayo de 2009
Consuelo Garcia del Cid

Resumir media vida a grandes rasgos no es tarea fácil. La miras, te mira, sonríes, recuerdas? te sorprende cómo le ha ido la vida. Te cuenta varios desastres de las que fueron excelentes alumnas, las mejores de la clase. Muertas por droga, embarazos adolescentes un poco de todo.

Incluso una asesinada en circunstancias trágicas. Nada en la trayectoria de la mayoría de todas ellas podía indicar tanto desastre. ¿Fueron las monjas?, pregunté.

-Es posible. Yo no me enteraba de nada. No era consciente de lo que pasaba fuera del colegio.

-¿De nada? ?insistí-. ¿No te preguntabas lo que estaba pasando en España? ¿Nunca fuíste a una manifestación?

-Nunca. Para mí, Franco no era más que lo que había. No me molestaba porque no me lo cuestioné. Tampoco nadie me ayudó a hacerlo. Era normal. Todo me parecía normal, excepto el hecho de no poder hacer muchas cosas, pero pensaba que eso formaba parte de la educación, por tanto, también me parecía normal. Y tú, si no te hubieras ido del colegio, tampoco te habrías enterado de nada.

-No lo sé?/span>

-No te engañes, mujer. Tú descubriste las cosas cuando empezaste en la academia, porque allí había gente de todo tipo, además era mixto, no llevabas uniforme

Medité mucho aquella conversación. ¿El colegio de monjas constituía un mundo aparte?

Tal vez. ¿El uniforme nos definía como niñas bien de colegio de pago? Sí. Tampoco por entonces yo me preguntaba nada. Cierto que era muy joven. Pero como a ella, todo me parecía normal. Aquella noche me acosté pensando en la academia. Y realmente fue allí donde empecé a pensar. Tenía catorce años.

La semana pasada contactó conmigo una amiga de la academia. Consiguió reunir al grupo de cuatro locas que siempre íbamos juntas. Con una de ellas siempre he mantenido contacto, pero las otras tres se perdieron con el tiempo. Anoche nos reencontramos. Fue algo maravilloso. Como si nada hubiera cambiado, absolutamente nada. Las conversaciones eran completamente distintas a la que mantuve con mi amiga del colegio de monjas. Porque nosotras, nos enteramos de todo e hicimos lo que pudimos. Recordamos una manifestación en la que nos escondimos en el mercado de la Boquería, bajo un puesto de melones. La policía entró en el mercado tirando balas de goma y los melones caían reventados a nuestros pies. ?Nos van a matar, nos van a matar?, repetía Montse. Conseguimos salir y nos adentramos corriendo por las calles del Barrio Gótico. La Plaza de Sant Felipe Neri estaba a rebosar. Los manifestantes se habían encandenado, sentados, al grito de ?policía asesina?, ?Franco, cabrón, trabaja de peón?.

-Creo que no teníamos ni idea de a lo que nos arriesgábamos. Cualquiera de nosotras podría haber terminado presa. ¿Os acordais de las octavillas? Eran seis años de cárcel?es años ¡¡ cuando le cuento eso a mis hijos, no me creen

-Yo recuerdo perfectamente mi detención. Iba con Joan.

-A Joan le reventaron la cara de una paliza. Y tú nunca le delataste.

-Tampoco él a mí.

-¿Qué ha sido de Joan?

-No tengo ni idea. Nunca más le hemos vuelto a ver. Era del partido comunista ilegal. También terminó en una academia tras pasar por varios colegios de curas.

-Creo que todos los malos estudiantes terminamos en academias. Estaban mal vistas, como centros de enseñanza chungos para estudiantes rebotados. Pero era allí donde se podía ver la realidad de las cosas. Muy pocos no hicieron nada.

-¿Crees que sirvió de algo?

-Sí. No me cabe la menor duda. Sí. Yo lo volvería a hacer.

Todas nos miramos a los ojos. Brindamos con las copas de cava treinta años después.

?Sí. Lo volveríamos a hacer. Una y mil veces?.

 

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