Anorexia y Bulimia

Anorexia y Bulimia

Estoy segura de que cuando hayáis leído el título, enseguida estaréis pensado en alguna persona de vuestro alrededor que conozcáis y que su aspecto delata que padece alguna de estas alteraciones de la alimentación. Últimamente, hemos visto en televisión demasiados ejemplos, sobre todo de de Anorexia. Pero no nos olvidemos de la Bulimia. Esta última también ha aumentado. En ocasiones se presenta sola y en otras, combinada con episodios alternantes de Anorexia.

Opinión | 18 de mayo de 2009
Gloria Mateo

La Anorexia nerviosa es una enfermedad mental que se define como la pérdida de peso por tener un miedo excesivo a la obesidad.

Cuando queramos obsesivamente tener un peso por debajo de lo normal, comamos poco o nos sometamos a unas dietas draconianas; cuando nos pongamos delante del espejo y veamos nuestra imagen totalmente distorsionada que nos dé la sensación de estar gordos; cuando hagamos un excesivo ejercicio físico y manifestemos una gran hiperactividad; si nos despreciamos después de haber ingerido comida, si tenemos cambios de humor, estamos irritables, etc. Todos éstos son algunos de los síntomas que pueden indicarnos que podemos estar padeciendo de Anorexia nerviosa.

La Bulimia, se caracteriza por una serie de ingestas repetidas de alimentos de manera compulsiva en un corto espacio de tiempo. Es decir, nos ?ponemos hasta las orejas? de comer y, después, llevados por un sentimiento de remordimiento y de culpa, realizamos conductas que nos llevan a deshacernos de todo aquello que hemos engullido. Conductas, por otra parte, que pueden poner en peligro nuestra salud, especialmente el esófago.

Estos trastornos, casi siempre comienzan en la adolescencia, pero es cada vez más frecuente su aparición a edades más tempranas y también se contemplan casos en los que aparecen (aunque más raramente), en la edad adulta. Igualmente, es mucho más frecuente en las chicas que en los chicos, pero dado que vamos hacia una evolución de igualdad, ya hay índices que muestran incremento también en el sexo masculino.

Podemos alterar nuestra alimentación por muchos motivos, entre otros, por padecer de algunas enfermedades físicas que impidan que nuestro organismo pueda aprovechar bien todos los nutrientes con los que lo alimentamos, o bien porque no tengamos apetito o quizá porque estemos demasiado obesos. Pero, descartados éstos, quizá sería conveniente que nos detuviéramos en otros aspectos mucho más profundos, mirando más allá de lo que se ve y que nos han podido pasar desapercibidos.

Retrocedamos en el tiempo de esa niña o niño. Es muy probable que sus deseos básicos y sus afectos, se hayan visto resentidos desde su propio ámbito familiar.

Buscamos, es verdad, últimamente mucho, la perfección de nuestro cuerpo. Queremos ser como las y los modelos que vemos desfilar en las pasarelas. La publicidad nos regala la sensación de que podemos tener un mundo feliz, si poseemos esto, lo otro u aquello. Aparentemente podemos llegar a ser lo que queramos, etc. etc. Esto es lo que nos dicen y nos hacen entrar en la espiral de comparaciones y competiciones? ¿Pero realmente es lo que únicamente nos hace alterar la alimentación?

Estamos inmersos en una sociedad en la que se nos ?vende? una vida fácil y satisfactoria si consumimos tal o cual producto, si nos damos de ésta o de otra crema. Ésas son las funciones que tiene que tener una buena campaña de Marketing. Pero, ojo, no nos engañemos. No podemos poner como causa principal el imitar a los y las modelos de pasarela, el poder llevar una talla menos porque tenemos que parecernos a fulanito o menganita que hemos contemplado en la publicidad.

Creo que la publicidad no es la causa fundamental de estos trastornos. Por supuesto que puede jugar un papel muy importante que nos incline a querer poseer esos cuerpos de hombres y mujeres perfectos. ¡Claro que nos influye! Pero no pienso que sea el motivo principal.

Si vamos un poquito más allá, concretamente, hacia la niñez de los que están padeciendo Anorexia y Bulimia, quizá encontremos aspectos que son mucho más importantes que la influencia de un simple reclamo publicitario.

De recién nacidos solamente nos funciona nuestro Sistema Límbico. Es el que va a regir nuestros afectos y emociones. En esos momentos, si el niño tiene hambre y nadie le proporciona alimento, no podrá sobrevivir. Está fundido, por lo tanto con un Tú (su figura de referencia, que suele ser por lo general la madre). El que el niño viva, depende de ese Tú. Con su presencia, se sentirá seguro, se dará cuenta de que no existe ningún peligro. Luego aparecerá la figura del Otro (la pareja). El bebé empieza a detectar que hay un Yo, unTú, y un Otro. A partir de ahí, comienza a construirse un Yo independiente. Hay que ayudarle a construirlo.

Aproximadamente el proceso de mielinización acaba sobre los dos años. Es verdad que no se realiza de una manera brusca, sino progresiva, pero no será hasta ese momento, cuando el neocortex comience a funcionar y comenzará a ser el artífice de nuestro pensamiento abstracto y del lenguaje. Ambos dos, tanto el Sistema Límbico como el Neocortex, serán los que dirigirán nuestra vida a partir de entonces.

Por eso es fundamentales en los primeros años de nuestra infancia que hayamos tenido resueltos nuestros deseos básicos, nuestros afectos. Si es así, todo evolucionará de una manera equilibrada, si no, nuestra personalidad lo acusará en un momento u otro.

Es por ello por lo que creo que son tan importantes los comportamientos de los padres, hermanos, además de la sociedad, en la manifestación de los trastornos de la alimentación. Y, por desgracia, vamos inmersos en nuestro ir y venir, nos olvidamos de cosas elementales que vamos a transmitir.

La Anorexia y la Bulimia, son manifestaciones agresivas hacia nuestro propio cuerpo. Agresiones que posiblemente habremos reprimido o contenido ¿No hemos pensado que pueda rechazarse la comida por el hecho de rechazar una relación en el seno familiar?

¿Qué ocurre si la madre es demasiado protectora? ¿ Si al nacer la niña, a la mamá ya no le contesta el espejo mágico en el que se miraba, que ahora ya no es ella la más bella, sino que es su hija? ¿Qué pasa si la madre muestra sentimientos de ambivalencia con la hija? ¿O si la exhibe como un producto digno de admiración ante los demás, como si fuera un trofeo conseguido gracias a sus esfuerzos?¿Qué le sucederá a la niña si tiene una madre que no le da ternura y sí que la anda vigilando constantemente porque no confía en ella? ¿O si quiere que la hija sea lo que ella nunca pudo llegar a ser y deseó? ¿Si la madre sigue un régimen para adelgazar y la niña la ve obsesionada por su gordura, qué conducta tendrá la niña?

¿Y qué puede suceder con el padre? ¿Si llega tarde a casa, sin ganas de nada, después de un día de trabajo y la niña se le acerca a buscar un signo de cariño, y éste le dice que lo deje tranquilo, que está muy cansado. ¿Y si está, pero emocionalmente aparece totalmente ausente? ¿Qué sucede si es demasiado estricto pero no le muestra afectividad? Aquí también la niña tratará de buscar el estar perfecta para que su papá le preste atención. Ella necesita ser querida y la buscará de la forma que sea. Así que, volvemos a lo mismo: la niña volverá su rabia e impotencia contra sí misma al sentirse impotente y no poderles decir que le den afecto.

¿Qué ocurrirá si la niña hace de mamá o de papá, porque los progenitores no han sabido desempeñar correctamente su papel?

No, siempre, por supuesto, pero también hay que contemplar la posibilidad de que, en la infancia, estas niñas han recibido abusos sexuales. Puede tener sentimientos de culpabilidad, por ejemplo porque llevaba una ropa aparentemente provocativa para su agresor. Por otro lado, ¿y si no siente defensa y comprensión por parte de la propia familia en el problema de abuso que ha tenido? ¿Y si el abusador es el propio padre? ¿Puede toda esta impotencia ser reprimida constantemente?

Cuando se presentan estos trastornos, como digo siempre, hay que buscar un buen médico y terapeuta. Ya sean anoréxicos o bulímicos, merecen ser queridos y no recriminados por su comportamiento. Hay que atenderlos a ellos, pero también educar a los padres.

¿No se nos ha ocurrido pensar que un bulímico está, en ocasiones, dándose un atracón de afectos?

Todo lo anterior, unido a la sociedad en la que estamos viviendo, son factores muy básicos a tener en cuenta. No nos fijemos sólo en el aprendizaje por modelado que se realiza por los medios de comunicación. Mirémonos como padres.

El sentirnos culpables por nuestro comportamiento no adecuado, no nos lleva a nada. Pero podemos tomar las riendas de algunos valores olvidados por muchas causas y así comenzarán las generaciones futuras a estar más sanas de mente y cuerpo.

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