Las bestias y sus días

"Mamá, ya", era la frase reveladora de una adolescente que anunciaba su primer período. El spot publicitario, fué, en su tiempo, objeto de cachondeo, y no era para menos. "Esos días" en el pasado manchados y críticos, secretos y ocultos, nos obligaban a no ir a la playa, no ducharnos y a estar "malas".

Opinión | 12 de mayo de 2009
Consuelo Garcia del Cid

Se hablaba del período y necesitamos bastantes años para poder decir tranquilamente "tengo la regla". Aún así, seguimos hablando de "esos días". Yo hablaré de otros. Igual de dolorosos, incómodos, con manchas y sucios. Son los días de la bestia. No corresponden a fechas concretas de calendario. Aparecen de cuando en cuando y siempre por sorpresa.
No los esperas, pero te ponen mala. Fundamentalmente porque se trata de la suciedad, ataque y maldad de otro que lamentablemente en algún momento ha tenido algo que ver contigo. En ocasiones ni siquiera se presenta, simplemente está. No importa el lugar ni la situación. Está. Nunca es tímido. No tiene verguenza. Puede hasta resultar gracioso. Más tarde salvaje. Provocador. Inteligente. Sarcástico. Mientras le sigan el rollo, es soportable.
De vez en cuanto dejará entrever sus tendencias lentamente. Irá subiendo peldaños hasta alcanzar la cumbre de algo. Querrá ser tu amigo. Se reirá contigo mientras todo lo que hagas o digas forme parte de su ideario particular. Entrará en tu casa. No se sabe con certeza cuándo le dejas pasar, pero entra. Formará parte de lo curioso y le permitirás ciertas formas al principio divertidas. Luego empezarán a ser de mal gusto. Más tarde , colocado allí donde mejor se sienta, disecará tu persona. Te dirá lo que está mal y lo que está bien. Y aunque no te lo creas, puede que sigas riendo un poco, pero ya cada vez menos. "No se lo tengas en cuenta, es que ha sufrido mucho en la vida". Bueno. "En el fondo, tiene un corazón de oro". Malo. Porque sí tiene oro, pero no corazón. Habla con la prepotencia del que se sabe y conoce resuelto por dentro y por fuera. Empiezas a pensar que problemente sea bipolar. Que está enfermo. Le aguantas un poco más y hasta le compadeces. Ya no te hace gracia. Tampoco cedes, únicamente concedes. Y un día haces o dices algo que no le gusta y de pronto estás en la parte contraria. Ahí se arma la podrida. No lo sabes, pero es el día de la bestia. Es él. Un animal machista y enajenado en pos de la ciencia sin conciencia. Se enfada. Te insulta. Te cuestiona. Te calumnia. Te difama. Parece una hiena. Ataca sin piedad y mete el dedo en la llaga. Aunque no la tengas, él la crea en pocos minutos. Es orgulloso como nadie. Demoledor. Tiene de todo y no teme nada. Puede contigo pero no consigo mismo. No se soporta. En boca de su estómago y en nombre de su justicia te pisotea como a un gusano. Su voz es la del hambriento que es capaz de matar por "necesidad". Utiliza sus recursos inferiores para ponerte al borde del ataque de nervios. Es un animal. Es una bestia, y es su día. Te ha tocado. Hablando de bestias, esta tarde he visto "Valquiria". Gran decepción. Una película muy bien hecha pero mal contada. No tiene fuerza, ni siquiera al final. Tom Cruise no convence ni tuerto ni manco, parece un eterno estudiante uniformado frente a Hitler. Ni por guapo se salva, y encima, muere mal. Morir en el cine es un honor, y hay que merecerlo, además de saber hacerlo. Igual se le ha ido tanto la olla con lo de la cienciología que estaba rezando sus extrañas oraciones.
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