Cleptómanos

Durante seis años, la empleada de una joyería de Nueva York, se llevo escondido en el doble fondo de su bolsillo pequeñas cantidades de oro.Cuando al fin fue descubierta, resulta que se había llevado 227 kilos en seis años, tacita a tacita, valorados en 7 millones de dolares. Aunque la mujer ha devuelto el botín, pueden caerle hasta 25 años de cárcel.

Opinión | 04 de mayo de 2009
Consuelo Garcia del Cid

Lo primero que cualquiera se pregunta es lo siguiente: ¿En seis años no se le ocurrió vender algo de oro? ¿O es que la buena señora lo amasaba para tener un buen pasar en su vejez? No lo entiendo.

Me contaban no hace mucho de los llamados ?pequeños hurtos? en los supermercados. Resulta que quienes mas roban son las personas mayores. Seguramente no les alcanza la pensión e inician su carrera delictiva en Mercadona. Lo curioso es como lo hacen y el tipo de productos que eligen como cuerpo del delito: Un pequeño ejemplo, las ensaladas y lechugas precintadas. Pinchan con una aguja la bolsa de plástico y las roban de dos en dos. ¿Dónde las esconden? : En los sobacos. Si, como lo leen, en los sobacos.

Otros, mas profesionales, utilizan el forro del abrigo para, a través de bolsillos huecos, ir metiendo latas de berberechos, almejas o caviar. También productos cosméticos. Cuando son sorprendidos in fraganti, poco pueden justificar. Pero cuando son delatados por las cámaras de seguridad, lo niegan y lo niegan hasta que les ponen la cinta de vídeo y allí están, protagonizando el lechugazo semanal.

Una mujer de unos cuarenta y pico, fue detenida por primera vez en Zara cuando, con unas tijeritas de las uñas, recortaba delicadamente la alarma de plástico. Llevaba media vida robando y había normalizado el hecho hasta tal punto que no era consciente de las consecuencias. Toda su ropa y la de sus hijos tenia un pequeño defecto, un agujerito en alguna parte: Era el rastro de la alarma. Por robar, robaba hasta alimentos congelados. Su sistema era bastante original: Siempre actuaba en invierno. Se ponía un enorme anorak, y debajo una especie de faja que servía de almacén provisional a todo lo que iba metiendo. A veces, no le bastaba con una sola sesión, no. Tenia el morro de bajar al parking, soltar todo lo robado y subir de nuevo porque ?hoy es un buen día?. La mujer no necesitaba robar, era un ama de casa acomodada que vivía en un lujoso chalet de la sierra. Su marido no tenia la menor idea de las andanzas de su esposa en cuanto cogía en coche y se dirigía al centro. ?A veces, cuando robo congelados, es que acabo con las tetas heladas?, y lo contaba como si tal cosa. Su casa era un bazar repleto de los objetos mas absurdos y repetidos hasta doce veces en distintos modelos y colores: Relojes de cocina, ositos de peluche, abanicos, cuadros, muñecos de todo tipo, pequeños bolsos de fiesta, camisas, bufandas? pero lo mejor de todo: Los hinchables. Como ocupan poco, tenia mas de cuarenta flotadores de playa con todos los animales del arca de Noé, también papa noeles de todos los tamaños, tubos de luz su jardin era como la entrada al parque de atracciones del mismísimo Michael Jackson, estaban todos hinchados y expuestos a la intemperie. Cuando la trincaron, fue por objetos de poco valor. Pero se comió sus horas de calabozo y un juicio de faltas. Ni por esas. Sigue robando porque dice que no lo puede evitar.

Los grandes almacenes, al parecer, cuentan ya con un índice de hurtos que aplican al precio del producto. No son todos los que están, pero si están todos los que son.

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