Renovación celular

Cruzo la puerta de cristal, atravieso la jungla de anuncios publicitarios de tarifas y modelos, me acerco a la vendedora y pongo mi teléfono móvil sobre el mostrador.

Opinión | 24 de febrero de 2009
Lalo de la Vega

 

La rubia, detrás de la repisa, nos mira a mí y a mi viejo Nokia indistintamente. A mí me envía un vistazo con desdén, casi con desprecio. No puede creer que yo sea capaz de circular tan fresco como una lechuga, sin abochornarme de portar un equipo tan arcaico, de ya cuatro años de vida, toda una pieza de museo. Al móvil lo observa con el asombro de haberse tropezado un dinosaurio en el medio de la calle. Le da la vuelta como si desvelara una momia y, esforzándose en esbozar una sonrisa, me lanza la pregunta que de antemano es obvia:

 

?¿En qué puedo ayudarle?


?Quiero cambiar mi Handy ?así le dicen en Alemania a los teléfonos celulares.

?Comprendo ?dijo bajando nuevamente la vista hasta el hallazgo arqueológico, para luego decirme plena de compasión:?, los japoneses son muy buenos, pero este ejemplar ya debe estar agonizando.

Pasé por alto que la marca Nokia no viene del Japón, sino de Finlandia. Al fin y al cabo yo no había ido a allí a discutir de geografía.

?¿Qué modelos nuevos tienen en oferta?

?Este, de la Siemens ?me dice mientras me acerca una muestra?. Pura tecnología alemana.

¿Era orgullo nacional o ganas de vender? Creo que una mezcla de las dos cosas. En todo el truco funcionó, porque al final me decidí por el teléfono que ella me ofrecía.

Veinte minutos más tarde yo llegaba a mi casa con un paquete bajo el brazo. Dentro, el nuevo celular y un grueso libro de instrucciones en alemán, inglés, francés, checo, español, italiano, griego, polaco, holandés, sueco, danés, ruso, portugués, árabe, chino, japonés, y hasta en afrikáans, para que a nadie le quedara la menor duda de que estaban exportado celulares a medio planeta.

La parte en alemán eran nada menos que de 76 páginas, llenas de símbolos, gráficos y diagramas, en la que describían todas las operaciones habidas y por haber. El pequeño aparatito es un derroche de ciencias aplicadas con una paleta de las funciones más impensadas, incluyendo cámara digital integrada, audífonos y un altavoz inalámbrico salido de la Guerra de las Galaxias.

Dos litros de café más tarde, pude enterarme de que el móvil posee 75 tonos de llamada, 8 formas de despertador, agenda de reuniones y un calendario hasta el año 3500. Es un gran alivio pesar que los tataranietos de los tataranietos de mis tataranietos lo podrán seguir usando dentro de quince siglos. El Handy además recibe y envía correos electrónicos, mensajes de textos, de imágenes, de audio y hasta de vídeo. Tiene su ?orquesta de bolsillo? con reproductor MP3 y de multimedia. Toma y reproduce fotos y vídeos, almacena archivos de computadora, se activa por control remoto y manda una tarjeta de visita por el éter a cualquier punto del globo. Por si fuera poco, permite navegar en Internet, almacenar 200 números de teléfono y hasta enviar mensajes a sistemas de navegación.

Lo que no he podido averiguar todavía es si además de todo eso, el monstruo electrónico sirve también para hablar por teléfono.

 

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