Un relato de Tali para el periódico

En un frutero convivían un plátano, una manzana, una naranja y un melocotón. Parecía que llevaban una vida placentera y feliz, sin problemas ni preocupaciones, pero en realidad no era así, por lo menos no para todos. El plátano se moría de envidia porque la naranja y el melocotón se habían hecho muy amigos.

Opinión | 22 de abril de 2009
Tali

 

A la naranja le fascinaba la piel suave del melocotón y a este le encantaba la dulzura de la naranja.

El plátano también quería estar con la naranja, pero la primera vez que se acercó fue rechazado de manera educada pero firme. A la naranja no le gustaba el plátano, era demasiado áspero y así se lo dijo.

El plátano se ofendió mucho, aún no había alcanzado su grado de madurez.

La manzana vivía ajena a todo lo que rodeaba, feliz en su mundo con un único sol: ella misma. Se consideraba la fruta más maravillosa, con su piel suave y roja, y un sabor agridulce delicioso.

No hablaba con ninguna de sus compañeras, era demasiado importante como para rebajarse a mezclarse con la plebe.

Así que el plátano se sentía muy solo.

?Tengo que separar a la naranja del melocotón? se dijo un día? no puedo soportarlo más. Y cuando la naranja venga a buscarme, la rechazaré. Así sabrá lo que se siente.

El plátano adulaba todos los días a la manzana, diciéndole lo hermosa que era.

Al principio la manzana no le hacía mucho caso, pero después de unos días pensaba que el plátano no era tan vulgar como ella creía, pues sabía apreciar la belleza.

Cuando vio que la manzana confiaba en él le dijo: ?el otro día la naranja me comentó que no entendía como me gustabas tanto, con lo sosa y aburrida que eres?.

La manzana se enfadó muchísimo al escuchar estas palabras.

?¿Quién te crees que eres tú para decir que soy sosa y aburrida, naranja? Una fruta arrugada y fea, qué sabrá lo que es bello.

?¿Por qué me insultas? Yo no he dicho nada de ti.

?Sí que lo hiciste, el otro día hablando conmigo? dijo el plátano.

?Pero si yo contigo no me hablo, fruta mentirosa.

El melocotón asistía asombrado a la discusión. Como fruta apacible que era no entendía lo que estaba pasando.

?A ver naranja, ¿tú has dicho eso de la manzana?

?No, yo no he dicho nada.

?Pero lo piensas? añadió el plátano.

?Bueno, sí. La verdad es que pienso que la manzana es una sosa, con esa piel tan lisa y uniforme.

?Yo también tengo la piel lisa y uniforme? dijo el melocotón? y siempre me decías que era lo que más te gustaba de mí. Pero veo que me mentías. No quiero saber nada más de ti.

Y el melocotón se marchó con la manzana, que estaba muy contenta con su nuevo amigo, y la naranja se quedó sola.

El plátano sonreía muy satisfecho. Su plan había dado resultado.

?Mañana o pasado, la naranja vendrá a buscarme y yo la rechazaré?, pensó feliz. Pero llegó la mano justiciera del hombre.

Cogió la naranja e hizo zumo con ella. Luego peló y troceó las frutas restantes y las colocó todas juntas en un recipiente creando una dulce Macedonia.

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