La niña

Cuando era una niña, le decía: ?No corras, papá?, cada vez que se metía en el coche.

El se deshizo por ella y ella le deshizo a él. Tuvo los mejores colegios y también las mejores notas. No era mala estudiante pero no se hizo persona

Opinión | 25 de marzo de 2009
Consuelo G. del Cid Guerra


Antes de saber elegir había seleccionado ya : Todo por la pasta. Jamás sintió compasión por la pobreza o la necesidad de otro. Su habitación color de rosa encerraba un capullo de donde nunca salió mariposa alguna ni murió el gusano. Permaneció por propia voluntad en una incubadora antinatural, manteniendo la temperatura del útero materno y la custodia compartida de un ángel que ya no quiso mirar cuando dejó de ser poderoso.

.Le dio todos los caprichos. Ella sabía cómo conseguir sus propósitos. Lo supo desde niña. Lloraba con facilidad por cualquier cosa. Parecía existir dentro de ella un botón que apretaba a placer para conseguir una cantidad asombrosa de lágrimas fáciles y falsas, como ella.

Se provocaba vómitos y fingía atragantarse cuando algún tipo de comida no era de su agrado. Necesitaba ser el centro de atención, y también lo lograba. Mentía con una maldad prodigiosa. ?Ese niño me ha pegado?. ?Ese niño me ha tocado?. No sabía jugar porque no quería perder. No sabía perder porque no quería jugar.

Era ella, siempre ella, única y exclusivamente ella. Tuvo nombre de muñeca y nunca dejó de serlo.

Hacía trampas con todo. Lo tenía todo, pero deseaba más y más. Recibía cariño pero no era cariñosa excepto cuando quería algo. Miraba el catálogo de juguetes por Navidad dirigiéndose directamente a las páginas donde se hacían constar los precios de los juguetes: ?Más de 5000?, nunca menos. Pasaba de largo las páginas anteriores con premeditación y alevosía.

Era hija única y siempre se sintió única. Reprendía a sus compañeras de colegio, dominaba los grupos y elegía a las amigas que podía tener bajo control. La elevaron como a una princesa y se creyó los cuentos. Es mala, pero podía haber sido buena. O tal vez no.

Dejó de ser una niña, si es que alguna vez lo fué.

Sus padres se separaron. El le pasaba una pensión millonaria, sintiéndose culpable de haber roto una familia que nunca existió. El es un hombre sensible y responsable. Se quedó en el paro, y le dijo que no podía seguir pagando un colegio tan caro.

?No es mi problema ?respondió ella-. Es obligación y tu responsabilidad. Me dá igual de dónde lo saques, pero necesito dinero?.

El cayó enfermo. Ella utilizó todo tipo de chantajes, planeó estrategias diabólicas dignas del más cruel de los adultos.

Experta en mentiras, injurias y calumnias, empezó a amenazar: ?Si no me pasas dinero, diré a toda la familia que has estado follándote a una menor de edad?. Y lo hizo, entre otras muchas lindezas. Finalmente denunció a su propio padre.

No quiere trabajar. Sabe que en el momento que conste un alta de la seguridad social en su nombre, es legalmente independiente. Puede chulear a su padre hasta los treinta años, y lo hará. El encontró trabajo tras un año de torturas psicológicas y el primer mes se encontró con la nómina embargada por su propia hija. El adelgazó casi veinte kilos. El no puede ni quiere entender cómo una hija puede hacer algo semejante. Ha sido vejado, calumniado, denunciado y embargado por una mocosa.
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