El ataque de pánico

El ataque de pánico es una respuesta de magnitud exacerbada frente al miedo. Pero yo diría que no es nada más que un exceso de adrenalina, puesto que si hablamos de ?ataque? nos acercamos más al concepto de enfermedad y realmente no lo es.

Opinión | 25 de marzo de 2009
Gloria Mateo

Cuando sentimos peligro, nos enfadamos o tenemos que enfrentamos a algo, generamos adrenalina. En ese momento es útil y nos ayuda a superar una situación difícil. La respuesta de miedo es, en definitiva, una respuesta adaptativa y, en este caso, útil. El problema surge cuando el organismo funciona a demasiadas ?revoluciones?, ya que se van a ver implicados todos nuestros sistemas corporales. Por ello, generamos un peligro en la salud.

¿No ha habéis escuchado alguna vez que alguien tiene una alteración gástrica cuando siente miedo por algo? Pues no es nada más ni nada menos que una descarga enorme de adrenalina.

Hay ataques de pánico sin ningún motivo aparente. Es decir, no existe realmente una amenaza que se pueda reconocer como tal, sino que el sujeto responde con un miedo enorme a cualquier suceso que para otros pueda parecer totalmente normal. ¿Qué es lo que hace que este tipo de respuesta se dé? Pues puede haber motivos físicos o emocionales implicados en la misma. Por supuesto la persona se siente mal, se paraliza y no entiende qué le ocurre. Sabe racionalmente que no hay un motivo para sentirse así y, sin embargo, no lo puede evitar. Entonces podemos entrar en un círculo y se convierte en una especie de miedo al miedo que se retroalimenta, repitiéndose en varias ocasiones.

Otro tipo de ataque de pánico es el ocasional. Ocurre cuando se dan ciertas situaciones (subir a un avión, visitar al dentista) y desaparece cuando éstas se acaban y se vuelve, entonces, a retomar la normalidad.

También puede darse ante momentos críticos. Aquí se puede observar que los síntomas continúan aún a pesar de que el estímulo que los producía ya no está. Esto puede llevarnos a una confusión. Nos preguntamos por qué seguimos sintiendo pánico si la causa ya ha desaparecido. La explicación es fácil: el exceso de adrenalina que se ha generado no desaparece de una manera repentina, sino lentamente.

Tenemos conceptos equivocados sobre quién puede sufrir un ataque de pánico. Incluso nos hemos podido reír si hemos sabido que una persona ha reaccionado de esa forma ante algo que nos parece ridículo. Pensamos que sólo lo pueden padecer las personas excesivamente nerviosas y ansiosas, pero no es así. Aunque sí es cierto que la ansiedad aumenta mucho las posibilidades de sufrirlo, no es determinante. Sería el caso de los agorafóbicos y de los que presentan fobias sociales.

¿Cuáles son las causas de un ataque de pánico? Puede haber varias:

  • Emocionales: Porque haya sobrecarga nerviosa y agotamiento.
  • Físicas-emocionales: Se producen ante el agotamiento nervioso, la hiperventilación (respiración de manera rápida, muy poco profunda y que origina en el organismo una bajada en del nivel del dióxido de carbono).
  • Físicas: el utilizar ropas ajustadas o el llevar una dieta a rajatabla que puede hacernos proclives a una disminución de la glucosa.
  • Espirituales: Son producidas por la desesperación, la impotencia ante un hecho, la fobia a la muerte, etc.

Síntomas: Disnea (dificultad para respirar), sensación de ahogo, mareos, vértigos o inestabilidad, sensación de irrealidad, Parestesias (sensación de cosquilleo y hormigueo), sofocos, escalofríos, temblor, debilidad, miedo a morir, a no tener control sobre nuestra vida, etc.

Duración: el ataque de pánico, afortunadamente, sólo dura unos minutos y muy raramente se extiende a horas.

El tratamiento para los diferentes ataques de pánico se puede enfocar desde el control de la ansiedad, ayudando a la persona a reconocer qué es lo que le

está pasando a su cuerpo en ese instante y enseñándole a bajar la tensión muscular con el uso de ejercicios de relajación y un buen entrenamiento en respiración. La ansiedad puede ser un disparador, pero no es la causa principal y puede reducirse con una respiración adecuada.

Bien es cierto que el tratamiento psicológico ayuda, pero en ocasiones, si hay demasiada tensión muscular o se presenta una gran hiperventilación, habrá que recurrir también a un tratamiento coadyuvante farmacológico, mediante ansiolíticos y/o antidepresivos.

No obstante, al ser humano hay que considerarlo de una manera integral: mente y cuerpo. Es interesante comprobar cómo, a veces (no siempre), podemos llegar a una situación de pánico simplemente porque no nos hemos fijado en las señales que nos manda nuestro interior, nuestra alma. Las hemos obviado e incluso, asfixiado.

Es conveniente también que, de vez en cuando, tomemos contacto con ese niño que todos llevamos dentro y volver a ser espontáneos y alegres. Quizá no lo hacemos porque no nos atrevemos a conectar con nuestro espíritu por si nos asusta lo que encontremos en él. Sin embargo, es necesario, ya que si no nos mantendremos anclados donde estamos no creceremos como personas. Hay que tirar fuera la basura que llevamos y reír. Sí, reír, porque la risa es sana y es una de las armas más poderosas frente al pánico.

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