Algo estamos haciendo mal
Opinión - 03 de abril de 2019
Escrito por Madre afectada
 

Digo algo sin ironía y sin segundas intenciones. Escojo esa palabra porque no quiero ni debo decir “todo”, a sabiendas de que es realmente mucho lo que, desde muchas ópticas, estamos haciendo mal.

Liarme la manta a la cabeza, y afirmar que las conquistas sociales y las nuevas leyes de protección que las mujeres, las niñas y los niños hemos logrado en los últimos años, no sirven de nada, sería completamente injusto e ingrato para con los que lucharon por obtenerlas. Sin embargo me queda cada día más claro que las nuevas leyes, aplicadas por los “profesionales” de siempre, no sirven, infelizmente, para gran cosa.

Los profesionales a los que me refiero son los jueces, los abogados, los fiscales, los psicólogos, los asistentes sociales y todos los que de una u otra manera, debido a su incompetencia o a su falta de preparación en violencia intrafamiliar, empujan a algunas madres a tener que esconderse con sus hijos cuando, tras denunciar algún tipo de violencia (verbal, física o sexual), contra ellas o su prole, son castigadas perdiendo la custodia de sus hijos.

Así tal cual, como suena, resumido y sin anestesia.

Dije algunas porque no todas se esconden, las hay que los entregan confiando hasta el último segundo en que alguno de los presuntos profesionales que intervienen en el proceso se va a dar cuenta del error que se está cometiendo y va a impedir que su hijo o su hija sea arrancado de ella entre gritos y llantos.

Pero no sucede así, y hoy en día, niños y niñas de cualquier etnia, nacionalidad o religión son condenados a vivir o a convivir con adultos irresponsables y violentos simplemente porque algo estamos haciendo mal en España y en el resto del mundo.

Uno de los principales errores es que en los juzgados de familia se parte de la base de que el mayor interés de cualquier menor es convivir con sus dos progenitores, sin recordar que hay adultos viciados en alcohol o drogas, agresivos, golpeadores e incluso pederastas, que no representan una buena opción a la hora de considerarlos aptos para ser los custodios de un niño o una niña.

El mayor interés del menor es vivir en paz, sin miedo, amado y protegido, pero en los juzgados da la impresión de que cuidan mucho más del mayor interés del maltratador, que es seguir maltratando.

Y digo que da la impresión porque conozco páginas web¹ donde miles y miles de madres del mundo entero denuncian haber perdido a sus hijos en idénticas condiciones: tras denunciar abusos, los equipos psicosociales las catalogan (diagnostican) como alienadoras y con ese parecer, los jueces emiten sentencias que entregan los hijos a los papás violentos.

Algo estamos haciendo mal cuando el sistema judicial, los psicólogos forense y los asistentes sociales, consideran que la palabra de las niñas y los niños que han sufrido violencia (como testigos o en carne propia), no basta para que ellos activen los mecanismos de protección (que existen) y garantizarles así, que nunca más tendrán que vivir con miedo.

Algo estamos haciendo muy mal cuando la falta de pruebas nos impide condenar a un posible violador de niños o padre maltratador y por eso se los condena a ellos a convivir con su verdugo.

Aunque tampoco existan pruebas de que ellos mienten cuando alegan haber sufrido abusos, a ellos sí los condenan. Me parece muy bien que no se mande a un señor a la cárcel sin pruebas, pero me parece muy mal que se mande los niños al infierno, los arranquen de sus madres y los obliguen a vivir con el presunto violento o pederasta ya que no poder probar que un presunto delito se cometió, no significa que no se haya cometido, apenas que no se pudo probar.

Porque aquí todo es presunto menos el sufrimiento.

Hace unas horas otra madre ha sido detenida por estar escondiendo a sus hijos y negarse a entregar a uno de ellos al presunto abusador.

Es interesante hacer la siguiente comparación, cuando una gata, una loba o una leona esconde a sus cachorros del peligro no la llamamos secuestradora y hasta admiramos su valor. A las mujeres sí, a esta madre la van a llamar secuestradora por esconderse junto a sus niños del peligro.

Ahora la masacrarán. Inventarán lo que haga falta para agrandar la historia. Querrán que sirva de advertencia para otras madres que estén pensando en salir corriendo con sus hijos con la intención de protegerlos de sentencias que los condenan a vivir con la persona que más temen en este mundo.

No me interesa personalizar el asunto sobre la madre de hoy, la del verano pasado o la de la semana que viene. No son casos aislados, son miles y miles de mujeres pasando por esto.

Algo estamos haciendo muy mal cuando se permite que el parecer de un psicólogo tenga tanto peso en la decisión del juez, sabiendo como sabemos que la psicología no es una ciencia exacta y que ante un mismo hecho, cien diferentes psicólogos podrían dar cien pareceres diferentes.

Algo está mucho más que mal cuando los peritos siguen las directrices del pederasta Richard Gardner, inventor de dos engendros igualmente aberrantes y que se complementan perversamente, por un lado el supuesto Síndrome de alienación parental y por otro La terapia de la amenaza, aplicada sin compasión por los psicólogos en los juzgados mientras todos miramos hacia otro lado.

Dicha terapia consiste básicamente en amenazar al niño y a la madre juntos o por separado para que se retracten y “reconozcan” que las acusaciones contra el abusador son falsas, so pena de verse separados para siempre si continúan insistiendo.

Pura coacción y tortura. Lo reconozcan o no, el final es casi siempre el mismo: inversión de guardia.

Pocos se percatan de que los supuestos síntomas que el pederasta Gardner describe como los de un niño presuntamente alienado son los mismos síntomas que tienen los niños abusados y maltratados.

Pocos parecen darse cuenta de que jamás un niño ha salido de un hospital diagnosticado como niño alienado si lo llevan vomitando o con pesadillas y fiebre. Casi nadie notó que hay un supuesto síndrome que sólo se diagnostica en los juzgados de familia, cuya pretendida cura es arrancar al niño de la madre alienadora y entregarlo al padre evitando todo futuro contacto con ella.

Si para eso hay que recetarle unos psicotrópicos para que llore menos y no se resista tanto, pues se recetan y ya está.

Todo sea por el bien superior del violento.

Hoy, otra madre ha sido capturada y otras tres inician su fuga.

Hoy otras madres acudirán a denunciar sospecha de abusos sin imaginar que al hacerlo, están dando el primer paso para perder a sus hijos. Han hecho caso de los carteles que nos invitan a denunciar la violencia intrafamiliar contra nosotras mismas y contra nuestros menores.

Cándidamente otras cinco madres lo harán también mañana y también ellas correrán la misma suerte.

Y mientras, el feminismo se ha dividido en sub-feminismos que luchan por miles de causas, incluidas las de los hombres inconformados con el hecho de serlo y que se operan para parecerse exteriormente a una mujer. Unos feminismos están a favor de legalizar la prostitución y otros de abolirla. Hay feminismos abogando por el derecho a alquilar vientres y otros se declaran en contra, hay feminismos a favor de la adopción de parejas homosexuales y otros que se niegan a tal medida y luchan por la maternidad deseada y responsable.

Yo soy feminista y me gustaría saber dónde está el feminismo que me represente. Ese feminismo, tan necesario, que luche por el derecho de las madres a defender a sus hijos de los maltratadores, los psicólogos pro-abusadores, las sentencias que los arrancan de ellas y las leyes que las persiguen por esconderse para protegerlos.

Repito: algo estamos haciendo mal.

Esto, señores y señoras, es por encima de todo, un negocio.

Psicólogos mercenarios que se enriquecen a costa de padres y madres elaborando informes que orientan a dejar al niño con la madre o con el padre según quien les pague. Hay abogados especializados en arrancar hijos de madres acusadas falsamente de alienación, bien para satisfacer los deseos pederastas de algún hombre, bien para que otro se ahorre la pensión o simplemente para que otro pueda seguir maltratando a una mujer a través del maltrato a los hijos, y hay otros especializados en Derechos Humanos que se encargan de rescatarlos de los padres abusadores para devolvérselos a sus madres.

Tenemos asociaciones e instituciones que reciben dinero para apoyar y proteger a víctimas de violencia doméstica y a sus hijos y unas veces es verdad que ayudan, pero otras ayudan menos y se enriquecen más y eso, también acaba perjudicando a los mismos: las víctimas.

Por supuesto existe un pequeñísimo porcentaje de falsas denuncias al que los machistas le sacan mucho partido, y también existen excelentes jueces y peritos decentes que jamás aceptarán usar las teorías de Gardner para diagnosticar síndromes que no existen con el fin de perjudicar a niños y niñas que sí existen.

En España tenemos, afortunadamente, la Plataforma Luna, la primera que se creó a nivel mundial de madres víctimas de todo esta farsa del inexistente síndrome, iSAP, como lo bautizó su fundadora Esther Ruiz, activista reconocida en nuestro país y a nivel internacional como referente en esta lucha por los derechos de las madres a proteger a sus hijos.

Existe de todo en diferentes medidas, pero mi objetivo hoy era sólo uno; invitar a un debate sobre las cosas que como sociedad, y cada uno desde su ámbito, estamos haciendo, definitivamente, mal.

Firmado:

Otra madre denunciante²

(1) Por ejemplo The women´s coalition (en Facebook)

(2) Sin posibilidad de identificación por miedo a las represalias del maltratador y del propio sistema