La puerta

Las primeras luces del amanecer penetraban por los huecos laterales de la persiana echada, dispersándose con irregularidad. Con la lentitud del cansancio me acerqué a la ventana y puse mi frente en el cristal, cuya frialdad tuvo la virtud de atenuar el lacerante dolor de cabeza que insistentemente me perseguía.

Opinión | 21 de marzo de 2009
Delach

Cerré los ojos e intenté cerrar mi mente, establecer un paréntesis, pero, como otras veces, mi mente siguió activa. En vista de ello volví sobre mis pasos y en la penumbra, con gesto autómata, me miré en el espejo. Gruesas pinceladas violáceas rodeaban mis ojos y un rictus de ansiedad agitaba mis labios, haciéndolos temblar ligeramente. En mis oídos aún resonaba la puerta al cerrarse. ¿Cómo suena una puerta cuando quien la cierra es tu vida y lo hace desde fuera?

-Ya no?, me dijo. -Yo haré?, seré?, cambiaré, dije en un desesperado intento por retenerla. Ella me miró y en sus ojos había lagrimas y también determinación . ?Lo siento? ya no?

Y retumbó la puerta. Al cerrarse por fuera. Y quien la cerraba era mi vida.

Han pasado tres meses y aún siento el golpe duro, seco decidido? El golpe de mi vida al romperse.
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