Publicidad
Publicidad
Pepa Flores
Opinión - 01 de noviembre de 2018
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

"El día que Marisol hable, temblará España". Me lo dijo una amiga biógrafa hará menos de diez años. La escuché con tanto interés como incredulidad. Me habló de abusos sexuales, palizas y atrocidades varias.

 

 

Mi amiga biógrafa murió no hace mucho, y esta mañana, al leer las noticias, ha resucitado aquella conversación mantenida en una terraza de Barcelona. "Le hicieron de todo, pobrecita, ella decidió dejar de ser Marisol para convertirse en Pepa Flores".

Y Pepa lo intentó en 1979 con un disco magnífico: "Galería de Perpetuas, canciones para mujeres". Su imagen, en blanco y negro, presentaba una mirada triste y hermosa. Creo que fui de las pocas personas que se hizo con el disco, y tema tras tema, dibujaba otra Marisol, adulta, crecida y alejada de los focos mediáticos.

La vi sólo una vez en el Parque del Retiro madrileño mientras grababa una escena de la película "La corrupción de Chris Miller", con Jean Seberg y Barry Stokes. La escena consistía en subir a una moto. Marisol llevaba una blusa blanca, me sorprendió su estatura y su aspecto menudo. Ya no era la niña prodigio de antaño, era toda una mujer, preciosa, que atendía las órdenes del director, subiéndose a la moto una y otra vez.

Hoy, que recuerdo a mi amiga tanto como a ella, Pepa o Marisol, compruebo que lo que me contó, era cierto. No es que lo dudara, simplemente me sorprendió en su momento. "Personas del régimen querían verme desnuda". Abusos desde los ocho años, cuando su vida creímos era una tómbola de luz y de color y en la tómbola del mundo yo he tenido mucha suerte, porque todo mi cariño, a tu número jugué...".

¿Quiénes, por qué, dónde, hasta cuándo, por cuánto? A saber. Yo prefiero quedarme con esa "Galería de Perpetuas, canciones para mujeres", donde una vieja sin jubilación por cuatro cochinos duros vive pegadita al muro del Cuartel de Monleón, por cuatro cochinos duros, dando con la mano amor...

Ese disco que pasó prácticamente desapercibido es una verdadera joya. Pepa Flores ha cumplido los setenta y quizá la edad sea un trampolín contra el miedo, ahora, que ya no tiene nada que perder, que nadie la puede utilizar, que ya no es la niña prodigio de España, se ha decidido a hablar con todas las consecuencias.