Publicidad
Publicidad
Lucha, latrocinio e interdicto
Opinión - 10 de septiembre de 2018
Escrito por Consuelo G. del Cid Guerra
 

Harta de tibios. Saturada de discursos tan vacíos como monocordes. Las formas no se guardan, se exponen. Quien no lo hace, carece de fondo. Absorta ante lacayos que pierden el oremus ante cualquier político. Perpleja cuando lo contemplo con mis propios ojos. Aburrida de tanto y tanto cobarde. En la lucha final no se agrupa nadie.

Del activismo salvaje al movimiento absurdo, tan leve como vacío de contenido, en busca de un protagonismo que no parte de la tumba abierta. Subvenciones, facturas, viajes de lujo pagados, restaurantes de muchos tenedores que no han pinchado nada.

Perderlo todo no es más que un honor. Jugarse el pellejo y la libertad individual lo hacemos pocos. Contados, sin cifra definida, con los bolsillos vacíos donde no existe un mañana. Pero basta una aparición televisiva para que muchos extiendan sus argumentos falsos, esos que ni siquiera vale la pena desmentir.

Sí, yo soy la nieta de un científico condecorado por Franco que se rebeló. No soy responsable de lo que hicieron mis antepasados, respondo por mi presente, y por mi pasado seguiré luchando hasta el final defendiendo a todos los niños tutelados.

Sí, yo soy la hija de una familia burguesa que lo tuvo todo y todo lo rechazó. Sí, yo soy la pija insultante bolchevique que se atrevió a gritar un día, la que no tiene nada excepto la palabra, una denuncia social que arrastro y expondré ante toda Europa el 19 de Septiembre en Varsovia.

Sí, yo soy la denunciada por Fiscalía, la "calumniadora" acusada por decir toda la verdad en el Senado.

Chuleada, robada, apropiada por una legión de feministas subvencionadas que se han montando su circo a costa de mi trabajo. Verdaderas maestras de la estrategia cultural, serpientes que merodean departamentos, que mueven sus contactos, carentes de talento, en busca de fama y pasta en idéntica proporción.

No os veía venir, pero ahora, ya sé quiénes sois. No entendía por qué se me acercaban tanto, y por eso me alejo, estoy a mil kilómetros de sus historias, aunque hayan robado la mía. Lo vuestro ya no me resta: suma.

Decía Cernuda que escribir en España, es llorar, pero ya no voy a llorar más. Me asisten sesenta años de vida, y no voy a desperdiciar un solo segundo. Lucharé por los niños tutelados hasta que me pongan el pijama de madera. Quienes de verdad me conocen, lo saben. Los demás, seguid inventando historias, siempre lo he dicho : ponedme a parir, me encanta, porque así veo la cara de mis hijos.

Voy haciendo la maleta. Pesa poco, pero el discurso será demoledor, y ningún político español podrá decir que no sabe nada. Habrá un representante español de exteriores representando a cada partido. Nos vemos en Varsovia.

Human Dimension Implementation Meeting 2018 | OSCE