Escribir

Escribir

Nosotros elegimos esta forma de estar en el mundo. Una intemperie muy poco amable en ocasiones, inundada de riesgos, de apuestas más que perdidas de antemano y lluvias torrenciales de críticas si el asunto prospera.
 

Opinión | 05 de marzo de 2016
Consuelo G. del Cid Guerra

Escribir es un oficio solitario que nace de muy adentro, que late con la misma intensidad que cualquier órgano interno, que se presenta sin avisar, sabiendo o sin saber, y que exige la entrega más absoluta. A él le entregarás el sueño, por él se quebrará tu espalda y en ocasiones no te aguantarás ni a ti mismo. Pasarán todas las horas, algún día incluso te olvidarás de comer, atrapado en la historia que te ocupa. Puedes volverte huraño, taciturno, asocial. Y en ese largo trayecto siempre estarás sólo. Sabrás, desde el principio, que puede no pasar nada. Y esa nada te insiste hasta la saciedad, es más que un ánimo, se trata de vocación. No puedes ni quieres hacer otra cosa, es tu droga, tu razón de ser. Vivir para contarlo y contar para vivir. Atrapar las imágenes convertidas en palabras que van y vienen mientras te quedas mudo ante el teclado con cara de un pánico enfermizo: En blanco.

 

Se trata de un coma pasajero que crees eterno. Sales a la calle. Te buscas. Miras un escaparate, y la moda ya no te interesa, tampoco el mejor restaurante y todo aquello por lo que los demás beben sus vientos. Estás fuera de mucho y en ese adentro se consume tu hacer, que jamás se hace vago, que mantiene un timón débil ante las facturas y deberes cotidianos. El gran salto hacia tu propio vacío llegará con la edad. Ahora o nunca. Lo dejo todo. Solo quiero escribir. Si lo consigues, te preguntarán de qué vives, si es que vives "de esto"... ¿Acaso se les cuestiona al resto de qué viven? ¿A alguien se le ocurre preguntar que "cuánto gana"?.

Más tarde te pedirán unos y otros que trabajes gratis. Más de lo mismo. Atrapados en un espacio privado, único, rodeados de envidias, de calumnias e injurias en el momento que lo consigues. De ti pueden decir que bebes, que te drogas, que te mantiene un partido político o tienes un mecenas. Sólo existe una fórmula: Trabajo. Vivir, Descubrir. Escribir, volcarte en ese gran océano blanco donde todavía no hay nada, donde estás sólo tú, pulsando letras mientras amanece un día cuyo nombre se te olvida, puesto que da lo mismo martes que domingo. Eres la eterna jornada laborable sin contrato firmado, sin seguridad social, sin salario fijo, sin paro, sin nada de nada más que lo que estás haciendo. Confiarás en tí mucho antes que los otros, y seguirás al pie de un cañón con muy poco equipaje. Pero yo les juro que es la maravilla de mi mundo, y sólo tengo una. Por ella sigo adelante pase lo que pase. Ya tengo más pasado que futuro, y soy más que consciente de que somos el gran porvenir de ese pasado.

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