Libertades famosas con ira

Salidas, entradas, permisos, tercer grado y condicionales. De la tonadillera al torero, blanqueo de capitales y conductor borracho.

Opinión | 15 de junio de 2015
Cordelia Colby

Como que no pasa nada y los fans esperan, ansiosos, con vítores y aplausos, como si acabara de cantar Pantoja y acabara una faena Ortega. Agravios comparativos hacia el resto de presas y presos, delincuentes anónimos que pagan su condena como cualquier hijo de vecino. Pero resulta que no es lo mismo vivir en Cantora que en Vallecas. Cortejos y cortijos. Cuando el par de famosos alcancen su definitiva libertad, las exclusivas millonarias estarán más que servidas, el plato en la mesa también, flamenquito y jabugo, todo muy agustito. Aparecerán, sin duda, colegas de celda contando si roncaban, si las bragas son negras o rojas, el momento culminante en que les vieron llorar, e inventarán confidencias que nunca fueron.

Y pena, penita pena, de este país que bosteza invadido de chorizos. Del Lute al pobre Vaquilla, del Dioni al Solitario, del falso ninja asesino, de Carmen Broto a la Dulce Neus. Presos cuya historia llenó muchos papeles mientras Pantoja y Cano preparan sus corridas, toro y canción, ambos viudos de lo mismo: El torero de la tonadillera y la tonadillera del torero.

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