Salve a los pijos

De todas las insensateces que una escucha a lo largo y estrecho de una pantalla televisiva, que sea o no de plasma, pasmada te deja, la última es memorable. Un tertuliano, colaborador o como le llamen a estos personajes de lunes a viernes cuyas jornadas laborales se suceden a gritos, despellejes y críticas que a tantos interesan, dijo: "Llevé a mi hijo a un colegio en los que se aprueba sin ir a clase".

Opinión | 22 de enero de 2015
Cordelia Colby

Colegios de esa calaña hay bastantes y podría decir nombres, pero como se negaría en el acto, mejor lo dejamos. También podría mencionar nombres de prestigiosas clínicas privadas para toxicómanos donde el primero que esnifa es el director y cuya terapia se reduce a charlas, ocuparse de la cocina o poner a hacer camas a todos los pijos ingresados. Y digo pijos puesto que pijos son, a mensualidades que oscilan de seis a doce mil euros. Están mientras pagan y si se acaba el dinero deambulan por los públicos para acabar en Proyecto Hombre, que es, casi siempre, por donde debieron empezar.

Me pregunto, supuestamente, cuantos de esos alumnos aprobados por la cara -mejor dicho, por dinero- acaban siendo carne de clínica privada. El ocio es siempre el peor de los negocios, y los chavales, discípulos sin profesor, compañeros, horarios, libros o exámenes, con todo el tiempo de su mundo, hacen lo que hacen y van a lo que van.

Yo, mejor me esfumo con la música a otra parte, soy de las que aprobó yendo cada día a clase, a colegios privados, concertados y públicos, donde aprendí de mis profesores mucho más que las materias.

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