Venas

Se ofrecía al dueño del bar, no era su rostro el mejor impostor para la tarde que declina, no se iba con él. La imagen busca postergar aquel instante de premiosa lujuria. Se rompía de súbito el encanto, desabrigada hasta hacer sollozar al más testarudo, esa hermosura que sobra y le anuda a la toalla una queja más, un gato que huye entre las llamas.

Opinión | 18 de abril de 2009
Luis Miguel Rabanal

Si quieres mirarme, le sugiere en voz baja, si quieres aterrarme toda la vida, todavía es posible. Nadie más que ellos después en el Muelle, a salvo de quien fuese capaz de ofender su memoria, la parca memoria, eso sí, a salvo de ella misma que sufre la llegada de algo inminente, blanco o quimérico o tal vez sinuoso: es el mal, casi ya no atormenta. ¿Por qué has tenido que apostar en esta noche exquisita? ¿Cuál es la diferencia, tu cuerpo sosegado y mi cuerpo inflamado, por qué? Aún hoy se les mira sin apenas rencor, nadie vendrá a sospechar el absurdo, la luminosidad cerrada y afuera la bruma. In principio era il dolore, por supuesto que sí.
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