Sábado

No todo bandido es amante. Llegar al fondo del asunto me costó mucho pozo, agua casi fecal donde los hombres recomponen su historia, hecha de desatinos, plagados por las guerras que amenazan su rostro. Con el tiempo entendí cómo crece la noche, cuánto desanochece tras un día fatídico, qué sómos, implacables, ante la voz del otro, cuánta palabra sobra.

Opinión | 26 de julio de 2014
Consuelo G. del Cid Guerra

La bisutería, por fina que se presente, es falsa, y el oro no es más que metal. Brilla tanto por pura naturaleza como por obligación. Me arrodillo ante el verso de un libro, arropado enrtre dedos como si fueran sábanas. Encuentro mucho más de lo que busco, esa razón, ese rancio veneno que tanto nos confunde entre la masa negra. Al final y al principio, siempre el hombre. Se hizo sin bolsillos y se ha cargado de cosas. El peso bien visto desde ese otro ojo ajeno que todo lo ve. Con la carne del débil se hacen abrigos de pieles. La matanza es correcta, permitida, invisible. Y una generosidad sospechosa esconde la vieja limosna en un billetero de marca. Cada botón es esposa y grillete para que no entre nadie, y el corazón, tan sólo y tembloroso en los quirófanos donde se operan pechos que se hacen mayores. Acudo con algodón y sutura como si de un gran bombardeo se tratara, el que no sabe, el que no entiende, el que no puede. España era ese nombre que escribía Panero. Dicen que ha muerto por disfunción orgánica. No todo amante es bandido. Cuanto más fácil es el sexo, más difícil el amor. Carne y gimnasia que no tiene lágrima, ni siquiera la última, para sentir por dentro otro lugar, espacio, donde ningún anillo puede tener sentido. Otros hablan de cosas muy distintas, ya lo sé. Yo concluyo una historia profana, el nombre de cualquiera, siguiendo esa verdad que tanto jura en salas judiciales y se mueve en la calle como su fuera suya.El desconocimiento de la ley no exime su cumplimento. Caray, esa ley yo no la conocía.

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