Día del libro

Me dicen que en Sant Jordi lo que más se ha vendido es "Cien años de soledad" y el libro de Belén Esteban, y semejante disparate refleja las dos Españas de una manera hortera, pero que muy hortera. Nos gusta más un muerto que el chocolate espeso con porras y se sigue a la princesa del pueblo con un fervor muy cateto.

Opinión | 25 de abril de 2014
Cordelia Colby

Hablaba con amigos escritores que me contaban cosas que no se pueden contar pero que ellos cuentan a todo el mundo para que luego las cuente una, como que ya no hay adelantos y las editoriales no ayudan en nada. Escribir es un oficio miserable del que viven cuatro enchufados, escriban lo que escriban. Se deja, me cuentan, toda la promoción de la obra al propio autor, con lo cual editan y ahí te apañes. Esto es como decirle a un arquitecto que venda las casas, a un médico que busque pacientes o a un abogado delincuentes a los que defender, pero con la literatura se juega, muy pocos viven de ella, aunque libros, lo que se dice libros siempre hay, incluso en casa de anafabeltos.

Conocí a un tipo que los compraba a metros por el color del lomo y le daba igual que se tratara de "Moby Dick" o del cultivo del fresón. También resulta que a editor se mete cualquiera sin tener ni idea del negocio, cobrando unos miles de euros al novato, sacando cualquier bazofia o ignorando obras talentosas, eso que se lo digan a García Márquez cuando Barral rechazó sus "Cien años de soledad".

El plagio, otra bomba atómica del sector, funciona de maravilla. Leí hace tiempo "Embassy y la inteligencia de Mambrú", de Patricia Martínez de Vicente, y las similitudes con el famoso "Tiempo entre costuras", best seller de María Dueñas, son de escándalo, pero nunca pasa nada y la que vende es Belén Esteban, a la par que cualquier famoso larga sus memorias diciendo que las ha escrito él. ¿De verdad alguien se lo cree?...

Tengo un amigo "negro" que escribe para escritores "consagrados" pero no le saco los nombres ni a la de tres, y lo he intentado, el hombre tiene que comer y le comprendo, debe ser carne de menú a 6 euros y el negreado de menú de autor, cocina de -nunca mejor dicho-.

Luego está todo el meollo de las agencias y los representantes, que no tienen ningún chollo pero algunos en el momento en que se les representa calzan un aire de divos peligroso, tratan a las agencias con desprecio como si tuvieran secretaria, les dan órdenes y siempre se cabrean. Menudo oficio. Al final resulta que no se sabe del todo si el día de Sant Jordi se compran rosas o libros, pero seguro que el mercado floral, como los juegos de antaño, sube como la espuma mientras Belén Esteban se siente reina por un día.

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