Cuentistas

Algunos, internos y residentes en su propia realidad anestesiada, llevan más de media vida mintiéndonos. Para ello no es estrictamente necesario ser político, jefe o famoso. Basta con retorcer el alambre que tendió tantos años toda su ropa mojada antes de tener secadora y sentirse importante, más allá de uno mismo, por encima de otros y bajo el más casto cuento de Calleja,cuando la suya - ¡ja!- Tuvo un oscuro bar y húmedas paredes, como la canción de Lone Star, de 1996, aunque se naciera en un 53 maravillosamente apañado por Ana Belén.

Opinión | 07 de febrero de 2014
Consuelo G. del Cid Guerra

Sentirse por encima o superior, supone haber dejado de salir al exterior. Para ello tampoco es necesario encerrarse en casa como vulgarmente se entiende, porque necesidad sólo existe ya una, y es ese yo, mi, me, conmigo, sin libro de autoayuda, porque van de sobraos tras dar una patada al prójimo, previo saqueo emocional y económico al más puro estilo gauche divine.

Entonces una se pregunta qué es la izquierda excepto un sentido orientado por la brújula : Piérdete en cualquier parte y su aguja te indicará cómo llegar, lo mismito que el norte, o el sur, que también existe.

De farsantes estoy hasta el arco de triunfo. Lo peor es creérselos, y descubrir muy tarde que era todo mentira. De cotillas aún más.Creo que lo dije una vez por lo que a mí respecta: Me gusta que me pongan a parir porque veo de nuevo la cara de mis hijos.De una inmensa mayoría supe ?tarde- que su calle nativa tenía un oscuro bar u húmedas paredes, hecho que jamás reconocieron con la única intención de que cambiara su suerte.

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