Penas

De súbito quieres repetir las palabras. Hay caminos que llevan a su sueño y otros más desmañados aún que retroceden ante el grito, no puede ser, en la vida hay dulzuras que no reconoces. Cualquiera conseguirá aproximarse y sellarle en los labios la promesa cuantiosa, la malaventura inclusive, el azar que martilla sus sienes de nuevo para causarte más lástima.

Opinión | 29 de marzo de 2009
Luis Miguel Rabanal

En lo sucesivo te tendrás que cerciorar de que el amor renuncie también al almagre, a la ignominia. Lo crees sencillo, dirimir entre sus abrazos la pródiga destreza, la geometría de su carne establecida sin ti mas cerca de ellos, como un paso equivocado que dieron las muchachas al quererlo despacio y al quererlo desnudo, adentro, más adentro. Ahora mismo ya es posible gozar: mostrar sobre su retina el espanto y también la proeza que significa no estar aquí, pero tampoco haber estado nunca, permitir que sus pezones ablanden la bruma, que nadie lo sepa sin embargo, ocultar el asombro cuando llaman a la puerta, confesarse sublime. Dejas que llore. A una distancia exagerada de tu cuerpo se halla su fantasma más fiel, deja que llore, que te enseñe los cromos y las guerras de aquel verano, que chupe y que chupe hasta confundirse con el semen de L.
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