Los otros

Oficial, consentida y uniformada. Incluso aquella de los tiempos nuevos que se nos hcieron viejos. Llamados a engaño -antaño- con las mismas palabras, idéntica idea, similar adocenamiento. Libre, como el sol cuando amanece no soy libre. Nuestra vida es un eterno pagaré que no podemos pagar. Mareo, vómito, transfusión costeada por la fuerza. Y somos menos. Los más. Los pobres sin guerra, los ricos perdidos en casa Dios, los del apartamento triste plagado de colillas que trafican con costo a la desesperada:Pobres diablos. Continúan mirando el rojo como a Lucifer. Otros apuestan por Neptuno, y en sus fuentes se pierden navegando en internet, donde el disparate naugraga y la verdad no se traduce sin base. ¿Usted qué sabe, quién se lo ha contado, quién es?...

Opinión | 10 de octubre de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

La información en su indecente deformidad, salida del quirófano prensado mientras muere el papel sobre ese café inmediato, casi urgente, después del mediodía. Se han gastado las corbatas sobre camisas viejas no del todo italianas, imitados en tierra de nadie, sobrecogidos ante la percusión de las campanas a muertos, en ese duelo a solas más que irresistible sobre la agonía de cada aspirante. Algunos no se enteran de nada. Lamentan lo ajeno como algo consustancial a su existencia, lo que hay, lo que les toca vivir, sin demasiada pena, lejanos a los verbos y conjugando cajeros automáticos que algún día les puede fallar. Su único motivo puede que sea -acaso- el efectivo.

 

 


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