Querida jefa

Querida Jefa: Como cada mañana, entraré en la oficina y lo primero que veré no será tu cara, porque tienes esa irremediable manía de llegar tarde, la misma que recriminas a algunos miembros de tu equipo.

Opinión | 09 de septiembre de 2013
Stella Ibáñez

Te sentarás en tu despacho y nos llamarás para que nos reunamos con la finalidad de establecer el orden día, cosa que ya hemos hecho con antelación gracias a nuestra capacidad de cohesión y comunicación.

Te explicaremos el planning de la jornada y como hemos establecido y repartido el trabajo para que no tengas que esforzarte en discurrir, que sabemos que te genera un esfuerzo añadido.

Eres como tantas/os otras/os que ejercen un puesto de confianza tan de moda en la empresa española; esos puestos dictados a mano, hechos por y para ti, donde no tengas que dar un palo al agua pero sí palos morales a la integridad de tus empleados.

Esos puestos de mucho nombre y poco contenido, como el sonido hueco de tu cráneo.

Puestos quizás indefinidos aunque yo diría que definitivos, porque no creo que valgas para otra cosa en ningún otro lado.

Pero tú, querida, no estás fija en la empresa, no.

Estás enquistada.

Eres un parásito anclado en una silla ergonómica.

Necesaria para unos pocos y tediosa y obstaculizante para otros; los que somos realmente productivos.

Eres el perro pastor al lado de su amo; incondicional y preparada para ejecutar instrucciones.

Te rodeas de talento regalado, comprado al precio más bajo de mercado, el cual te sirve de colchón para tu ignorancia y trampolín para ganar ese porcentaje de beneficios sobre objetivos que los demás hemos conseguido por tí.

Y tengo que dar las gracias.

Porque gracias a tí tengo la dudosa suerte de trabajar en tu empresa, donde me pagas un sueldo muy inferior a las exigencias que me pides.

Salario de servidumbre que puedo intercambiar por productos y servicios básicos para subsistir.

Nada de imprevistos?.

Y te lo tengo que agradecer.

¿Soy afortunada porque me robes mi tiempo y mi experiencia, por poco más que un plato de lentejas??

Y tengo que callar.

Tengo que silenciar mi impotencia cuando acudo a urgencias a las 6:00 am y me llamas 20 veces para reclamar que debía tenerlo previsto para dejar el trabajo bien terminado antes de ausentarme?

La urgencias no se prevén? Pero quizás tú no lo sabes.

Tus ausencias se cubren bajo la capa de permisos retribuidos? sacados de la manga.

Tengo que morderme la lengua cuando pido un aumento razonado en hechos objetivos y me dices que es injusto?. Hay mucha injusticia, es verdad, hay tantos y buenos gestores de departamento en el paro y tú estás ahí, eterna por los siglos de los siglos?.

Me veo atrapada en un contrato fijo de esos con facilidad para rescindir, pero mi condena es que me necesitas para que te saque las castañas del fuego y siga cosechando éxitos que al final llevan tu nombre.

Mis medallas cuelgan de un cuello ajeno..

No soy nada especial ni siquiera tú eres una excepción.

Hay muchos yos y desgraciadamente demasiados tús.

Triste realidad del paradigma laboral de esto que se llama España.

Empresarios disfrazados de eruditos que solo tiene dinero e invierten en ambiciosos proyectos pero no en personas.

Soy un espejo de los ?pocos afortunados? que conservamos nuestro empleo, jodidos pero contentos que diría alguno.

Yo tengo la suerte de reconocerme en este escenario.

Sé el papel que interpreto y hacia donde me encamino.

Pero tú?.Eres la actriz principal de tu propio teatrillo.

Nadie te sigue?.

La esclavitud nunca dejó de existir, solo se pasó a una nómina.

 

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