Pecas

La verdadera calamidad era no estar cerca de ti. Muchas veces se atrevió a confesarse a sí mismo el embrutecimiento, este irse terminando con las manos llenas de arena y en entredicho cualquier semejanza con la piel que no ha dejado nunca de ser vil. La verdadera calamidad era estar contigo.

Opinión | 25 de marzo de 2009
Luis Miguel Rabanal

Nada es lo que fue, si tus gritos se rompen en la casa como una tarde cruel, si tu boca se ha hecho espuma en el mismo mar que antes ahogaba, nos sobra confusión, se dice. Para abrazarte se urdieron las palabras hermosas, él ya no tiene miembros ni corazón, le asustan los libros en blanco. Él no tiene manos tampoco, ni más corazón que cualquiera. Si quisiesen venir a atropar lo que dejaron de aquella esparcido sobre los cuerpos lisiados, si quisiesen venir a asustar un poco a los niños para que no duerman nunca, serías dichoso... Cada día, un nombre que no te corresponde es pronunciado por alguien que no ves, desfigurará tus labios con el mayor sufrimiento. Querrá morir contigo.
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