Red Bull, alas para la muerte

Coca-Cola cubrió el gran imperio de bebidas refrescantes y de ella se dijo de todo durante décadas. Sus campañas publicitarias apostaban por el amor y la paz, con canciones de Viva la Gente, mecheros encendidos, flores en la cabeza, manos unidísimas y aquella chispa de la vida que nunca se apagó. La seguimos viviendo y bebiendo.

Opinión | 31 de agosto de 2013
Consuelo G. del Cid Guerra

Red Bull, el Toro Rojo de las bebidas energéticas, es un monstruo que ha llegado a 100 países del mundo bajo el slogan Te da alas, dirigido a jóvenes deportistas de riesgo. Su descubridor, el austríaco Dietrich Mateschitz, se ha hecho de oro. Cuentan en Salzburgo todo tipo de leyendas urbanas sobre él. Las malas, descaradamente basadas en rabias diversas. Las buenas ?como casi siempre- no trascienden demasiado. Ser inmensamente rico supone convertirse en inmensamente envidiado.

Los ingredientes de este gran Toro Rojo que da alas son muy simples: Agua, azúcar, cafeína, niacina, ácido pantoténico, vitaminas B6 y B12. Su efecto es revitalizador y desintoxicante. Estuvo prohibida durante algún tiempo en Francia, Dinamarca y Uruguay debido a una campaña alarmista en la que se cuestionaban sus efectos. Que si existía riesgo de infarto, hemorragia cerebral, que si no se debe mezclar con alcohol porque ataca al hígado, que si provoca enfermedades nerviosas irreversibles...

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, la exposición de los ingredientes y sus niveles aplicados en bebidas energéticas no es preocupante, por tanto, no existe riesgo: El riesgo, como tal, está en otra parte. El riesgo es la marca que da ?alas para la vida?.

La televisión pública alemana ?ARD- emitió no hace mucho un documental titulado El lado oscuro de Red Bull, basado en los deportes extremos incentivados por la marca que da alas para la vida y se ha cobrado 7 muertes, la última dos días después de ser emitido el polémico documental. El piloto alemán Guido G., de 38 años, perdió la vida al participar en una feria de aviación. Un show de piruetas aéreas celebrado en Austria que le dio alas para la muerte. La marca ha invertido un tercio de sus ventas en actividades suicidas asociadas con deportes extremos. Consiguió ser noticia mundial al patrocinar el salto estratosférico del austríaco Félix Baumgartner. Una de sus célebres muertes es la de Mc Conkey, que falleció en las Dolomitas mientras intentaba conectar un salto de esquí con vuelo, vestido con un traje con alas para la muerte bajo el slogan de alas para la vida que da ese Toro Rojo. No conformes con eso, Red Bull anunció el estreno de una película sobre la vida de Mc Conkey, el héroe inútil que se mató patrocinado por la bebida energética. La marca ha invertido 100 millones de euros en el ?Red Bull Stratos?, el salto de F. Baumgarter, generando 8 millones de visitas en youtube, hecho que relaciona para los restos a Dietrich Mateshitz con el deporte de riesgo extremo. En esos extremos se mueve su marketing, incitando a la juventud a volar con el dibujo de unas alas en cada lata.

Red Bull carece de lado oscuro. La tenebrosa noche negra se impone en los deportes de riesgo que la marca patrocina de un modo salvaje, con todo el dinero del mundo, el mejor marketing: Acción-reacción.

La bebida no me gusta, pero eso es algo personal. Y no me gusta porque su sabor me recuerda a los viejos jarabes para la tos. Dulzona, empalagosa, con gas. Tampoco me altera en absoluto, vamos, que puedo tragar tres de golpe y como si nada.

El deporte extremo puede estar ligado a la falta de experiencias personales e íntimas, necesidad de vivir una aventura suicida que en su vida real no tienen o no se atreven a experimentarla, afán de protagonismo poniendo en riesgo su integridad física y emocional. Jugar con la muerte empuñando todas las armas del cuerpo, atracción al peligro, búsqueda del límite. Esas son las motivaciones que hacen huír de la realidad al deportista de riesgo, una adicción fomentada por Red Bull que no mide conscuencias y cuenta con ingentes cantidades de dinero para continuar financiando alas para la muerte.

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