Babas

Cada día un diferenciado terror. Les queda por comprender cuándo será el instante óptimo para alejarse y no escuchar más su condolencia: a partir de ahora sólo apreciar el perfecto matiz de sus arrugas. Para que no los vea, para que nadie interrumpa su clausura, igual que los enfermos se debilitan con la necia visita de los necios, para que no los vea y no llore más por ellos.

Opinión | 21 de marzo de 2009
Luis Miguel Rabanal

El cuarto de costura está casi vacío, las sombras lo desvelan, no hace frío ni sopor tampoco. Quizá ella querría ser destruida sin ninguna parsimonia. Hubo una época en que sí era diferente octubre con su manto de ceniza y de agua turbia, clávame tus dedos, decía entre dientes, hazme prisionera. La foto conserva ese preludio, se olvidarán de todo, harán fuego con la imagen o se masturbarán con ella. G. ha querido que así ocurra, con papel se limpia el diminuto arroyo que fluye entre sus piernas, se da la vuelta más y se ofrece más impúdica que antes. Ya es el momento de regresar, le susurra sin congoja, no existe esa pequeña muerte a la que aludes, no me dejes tan campante. Daremos lo no vivido por pasado.
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