Erupciones y erecciones

Erupciones y erecciones

Conocí yo a una artista que se bebía las botellas de Varón Dandy, y cuando eructaba siempre olía a hombre. Otros se inyectaban la vitamina de moda -B12-, en vena para sentirse sanos. Sé de una rica heredera millonaria que se mete de todo y una vez al año decide transfundirse como si tal cosa, para limpiar la sangre.Lo bueno es que se lo cree. Otras juegan mucho más fuerte en su lucha libre particular por las dietas adelgazantes. Que si la de alcachofa, el sirope de arce y otros disparates que provocan desmayos, anemias y bajones de cualquier índole.

Opinión | 05 de junio de 2013
Cordelia Colby

Claro que también dicen de Cleopatra que se bañaba en leche de burra y la mujer ha pasado a la historia no sólo por su nombre. Ver, lo que se dice ver, he visto mucho y siempre me he callado los nombres. Recuerdo no hace tanto a un gran cantante obsesionado por su seguridad. Llevaba seis guardaespaldas, pero nadie tenía la más mínima intención de perseguirle, matarle o darle un susto. Le veía disperso, como que muy perdido. Pidió una marca muy rara de wisky con su etiqueta negra y más reserva que la de los indios sometidos. Nos costó conseguirla, y cuando por fin la tuvo, se nos quedó en pelotas duchándose con el wisky. Tenía las pupilas más dilatadas que el túnel del metro y la mandíbula en Toledo. Eso sí, cantó durante dos horas como pudo, para que luego hablen de los Rolling como si fueran los únicos drogotas de la escena musical.

También he visto a una modelo intentando tirarse por la ventana después de haberse tirado a casi todos los tops que la rodeaban. Supongo que la chica ya no podía con su vida. Tenía un novio terrible de manías curiosas. Se masturbaba con solomillos crudos envueltos en el pene. El chaval veía una carnicería y se volvía loco. La pareja en cuestión no duró mucho, no sé si por la carne cruda o por otros aditivos que de manera muy suya consumieron hasta la saciedad.

Y ya en escenarios normales, donde una no espera semejantes sorpresas, resulta que un respetado médico tenía por costumbre practicar el coito en cementerios, una abogada se licenció en derecho porque las togas le ponían a cien y el farmacéutico del barrio acostumbraba a vestirse de lagarterana todas las noches a partir de las doce.

Hoy he sabido que una escritora me utiliza para su última novela. Por un lado me cabrea, aunque por otro no puedo dejar de sentirme muy halagada. Espero que hable de mis ex maridos de los que en paz descanso, más que nada porque uno de ellos es el del solomillo, pero juro que la modelo no era yo.

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